Es hora de construir ciudades prósperas

Por Javier Villegas.-En estos nuevos tiempos de la explosión de las redes sociales donde las exigencias ciudadanas se hacen más ruidosas por su contundencia y puntería, la clase política está obligada a ser cada vez más creativa para sobrevivir en el poder.

La desigualdad económica que azota al mundo, es el gran factor que empuja a las sociedades a ser más exigentes con los encargados de las administraciones públicas de los tres niveles de gobierno.

En los últimos años del siglo pasado y en lo que va del presente, los políticos de carrera han sido forzados por las circunstancias a ceder espacios a ejecutivos de empresas bajo el supuesto de que éstos últimos son mejores administradores.

Sin embargo, los resultados alcanzados no reportan los crecimientos esperados por una población en constante crecimiento, principalmente porque la jefatura es política y atora la operatividad de los ejecutivos-tecnócratas.

¿Qué es lo que ha fallado?

ITH

La permanencia del viejo modelo de la administración pública que tuvo sus décadas doradas cuando existía en México un solo partido político; cuando los tres poderes eran uno y dependían del Ejecutivo y; cuando la economía estaba cerrada a la competencia internacional.

Ahora, con más partidos de presencia nacional y con su respectivo voto duro, con un legislativo más balanceado y con las fronteras abiertas por el TLC y más de tres decenas de tratados comerciales con el mundo, las exigencias sociales son otras.

El mexicano promedio tiene más años de educación, está más conectado con la dinámica diaria gracias al Internet y sus demandas sociales van en aumento.

En este nuevo entorno, los políticos deben convencer a los ciudadanos con resultados reales y, por supuesto, mejorados. El público que tiene enfrente el servidor público es cada vez más exigente y con más memoria.

Es hora de tirar a la basura el modelo de administración pública de antaño y adoptar uno que asegure resultados positivos a una mayor velocidad que las necesidades de la población y que trascienda trienios y sexenios.

Por un lado que esté el político que encabece las relaciones públicas de la ciudad o de la entidad y, por el otro, que esté el administrador profesional que vea en todo momento la salud numérica del municipio o del estado.

La clase política con habilidades innatas, tiene aseguradas las tareas de relaciones públicas (alcaldías y gubernaturas) mientras que tecnócratas competitivos en el sector privado, pueden ser los city managers o state managers tantos años como sus buenos resultados se los permitan. Este mismo modelo deberá aplicar al gobierno federal.

El bienestar de la población no debe tomarse a la ligera y mucho menos los “anuncios en falso” de que la prosperidad ha llegado a Sonora y sobre todo a Ciudad Obregón.

Es hora de ser serios y ver por la verdadera mejoría de las mayorías, de lo contrario la actual clase política está condenada.

jvillegas@correorevista.com                          Twitter: @JvillegasJavier

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