¿Dónde está la ley anticasinos?

2 octubre, 2013

La polémica de los casinos resurge en Sonora y en esta ocasión con más fuerza ante la inminente apertura de un centro de apuestas en las instalaciones de lo que fue el Casino de Hermosillo.

A raíz de la aprobación por el Congreso del Estado de la llamada ley anticasinos se pensó que nuestros esforzados y diligentes diputados por fin habían dado en el clavo a la demanda ciudadana de regular la operación de los casinos ante su crecimiento inusitado en Sonora.

La ley fue aprobada por unanimidad el pasado 4 de junio en medio del beneplácito de la comunidad sonorense porque se acordó, entre otras cosas, limitar la operación de un casino por cada 300 mil habitantes y ubicarlos a más de cinco mil metros de escuelas, clínicas, centros comerciales, campos deportivos, entre otros lugares públicos.

También se reconoció legalmente a la ludopatía como una enfermedad por lo que se adecuó la Ley Estatal de Salud  para que atienda cabalmente a las víctimas y sus familiares de este mal.

Sin embargo, esta ley anticasinos debe ser aprobada por más del 50 por ciento de los municipios para entrar en vigor lo que no ha ocurrido hasta el momento por extrañas razones.

Son al menos 37 cabildos municipales los que tienen que dar luz verde a esta ley para que se apruebe su puesta en vigor a nivel estatal, pero esta demora ha dejado un vacío legal que evidentemnete ha sido aprovechado por los operadores de casinos.

Salvo el reciente caso de San Luis Río Colorado en donde tres casinos fueron clausurados temporalmente por atrasos en el pago de impuestos, en el resto de la entidad las casas de juego operan sin contratiempos e incluso en varios municpios están por abirir más establecimientos.

Tal es el caso de la empresa Winpot de origen jalisciense que una vez que logró resolver el litigio de los ex socios del Casino de Hermosillo, se apresta a abrir sus puertas en lo que será sin duda el casino más grande, céntrico y fastuoso de la capital sonorense.

La remodelación del inmueble está muy avanzada, tanto en sus interiores como en su exterior en donde contará con un amplio estacionamiento para los incautos clientes que irán a depositar ahí buena parte de sus ingresos, ahorros y quizás hasta su patrimonio.

Lo cierto es que ni en Hermosillo ni en Sonora necesitamos a los casinos.

Efectivamente brindan fuentes de empleos y contribuyen con sus  impuestos a las arcas municipales y estatales, pero sus ingresos y ganancias proceden casi en un cien por ciento de la comunidad local.

No atraen turismo nacional y menos del extranjero lo que significa ni más ni menos una operación bien diseñada para esquilmar a quienes gustan divertirse con las apuestas pero que en infinidad de casos terminan por ser atrapados por el vicio del juego, es decir por la terrible enfermedad de la ludopatía.

Así las cosas, ¿que esperan las autoridades municipales y las estatales para actuar a pesar de que la ley anticasino no haya entrado en operación?

¿Tendremos que resignarnos en Sonora y convertirnos en el paraíso del juego y las apuestas? ¿Será que detrás de estos negocios hay personajes de altos vuelos o es qué acaso las autoridades no se han dado cuenta del daño social y económico que ocasiona la operación de los casinos?

 

Comentarios a  healy1957@gmail.com


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