Empresarios visionarios

22 septiembre, 2013

A diferencia de otros países, México distingue muy poco a quienes se desarrollan con éxito en el mundo de las empresas y los negocios.

En décadas no muy lejanas los empresarios mexicanos eran criticados y subestimados por sectores de la sociedad porque consideraban que su riqueza provenía de la explotación de sus empleados y del abuso contra  los consumidores.

Por lo anterior me dio gusto ver en días pasados un desplegado periodístico en donde se recuerda y enaltece la figura del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada, asesinado en 1973 en la ciudad de Monterrey, cuando intentaban secuestrarlo.

Garza Sada fue el prototipo del empresario mexicano humanista, visionario y además muy exitoso. Consolidó la cervecería Cuauhtémoc que había heredado de su padre y fundó muchas otras empresas e instituciones, entre ellas su joya predilecta: el Instituto Tecnólogico de Monterrey.

Sin embargo, fuera de Monterrey es poco conocido y seguramente infinidad de hermosillenses no sabían de su historia y sus ideales de no ser por esta publicación a 40 años de su muerte.

En Sonora tampoco somos muy dados a destacar la labor empresarial, pero en cambio somos muy efectivos para elogiar a los políticos y en especial a aquellos que están en el poder o en plena campaña.

También inundamos con nombres de políticos las calles, edificios, parques y monumentos cuando muchos de ellos jamás crearon un puesto de trabajo ni fundaron alguna institución de prestigio.

Quizás por eso también sentí alegría al encontrarme en días pasados con varios escritos y esquelas que se publicaron en la prensa local en donde se subrayaba la calidad humana, moral y empresarial de don Delfín Ruibal Corella.

El ingeniero Ruibal no fue un Eugenio Garza Sada ni tampoco un Carlos Slim en cuanto al valor de sus negocios, pero fue un emprendedor que rebasó las fronteras locales y cuyo legado humano y profesonal trascendió en muchas instituciones y empresas de Hermosillo y Sonora.

La sociedad hermosillense se lo reconoció a la hora de su fallecimiento, pero creemos que ejemplos de carne y hueso como fue don Delfín Ruibal deben proyectarse a todos los estratos de nuestra comunidad.

En la región hemos tenido empresarios de gran valía como Roberto Valenzuela Trujillo, José Ramón Fernández Suárez, Carlos V. Escalante, los hermanos Gustavo y Enrique Mazón López; José Díaz Lazo, Ernesto Camou Araiza, los hermanos José, Alberto y Santos Gutiérrez García; los hermanos Enrique y Guillermo Tapia, entre muchos más que escapan a mi memoria.

Quizás sea el momento de formar un salón o institución en donde se reconozca al empresario sonorense y además se brinde constancia de la calidad humana y profesional de aquellos que más destacaron  y que dejaron una huella sólida en bien del progreso y el bienestar regional.

El reciente fallecimiento del ingeniero Delfín Ruibal, cuyo valioso legado está a la vista, podría ser el pretexto para que surja de algún grupo o institución empresarial una iniciativa de tal naturaleza.

Difundir y reconocer la trayectoria y obra de tantos forjadores locales servirá además de modelo y estímulo para tantos jóvenes profesionistas que gozan de una visión e inquietud empresarial.

 

Comentarios a  healy1957@gmail.com


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