Instituto Electoral ¿Nacional o Federal?

14 diciembre, 2013

No tengo duda de que la reforma política es un avance importante en la consolidación de un sistema democrático más eficiente en nuestro país.

Como ya lo he comentado antes, ningún sistema político es perfecto y la clave del éxito reside en la capacidad de la ciudadanía y de los actores políticos de sobreponer los intereses nacionales a los intereses partidistas o a los intereses de unos cuantos grupos de poder.

Sin embargo, en México como en todos los países democráticos existe y seguirá existiendo una lucha constante por el balance del poder, esto por ninguna manera es malo pero dependiendo del balance del mismo los resultados serán más o menos beneficiosos para el país.

Si bien debo admitir que estoy a favor de la reelección limitada de nuestros representantes y de homologar las leyes electorales y los procedimientos administrativos entre la federación y los estados, aún no logro comprender al 100 por ciento la creación de un Instituto Nacional Electoral que restringa de manera importante la autoridad y la operatividad de los Institutos Electorales Locales.

Es cierto que tenemos un problema de traslapes y de ineficiencias administrativas y operativas entre el IFE y los Institutos locales, así como disparidad de leyes y de procedimientos judiciales; sin duda alguna esto se debe corregir y estoy seguro que se puede mejorar aprovechando economías de escala, eficiencias administrativas y homologación de leyes.

Pero por otro lado, el concentrar el poder y la responsabilidad de los comicios locales a una entidad federal “todo poderosa” tiene serias implicaciones.

Una, la existencia de una institución única responsable de los comicios en todo el país implica que se deba tener una gran capacidad ejecutiva y operativa, lo cual por definición nos podría llevar a cuellos de botella y a ineficiencias en la operación local de los comicios; dos, para lograr tener esta capacidad nacional de operacionalizar comicios implicará la contratación o reasignación de recurso humano, financiero y de infraestructura lo cual no necesariamente implica que los comicios serán más baratos ahora que antes; y tres, la mayor gravedad de todo es la gran concentración del poder, lo cual va en contra de un sistema federal, y en contra de la autonomía  y de la soberanía de los estados.

Estoy de acuerdo con el argumento de que en muchos casos los consejos o institutos locales electorales se han convertido en el ejecutor político del gobierno en turno, y que por lo mismo han perdido legitimidad.

Pero el tener una autoridad nacional no necesariamente asegura que se evitarán las cuotas políticas ni que se mejorará la legitimidad de dichas instituciones, más al contrario, ahora la concentración de poder y las cuotas políticas estarán en función de los arreglos a nivel nacional pasando por encima del contexto y la realidad de cada entidad.

Por si fuera poco, el cambio de nombre de IFE a INE, implica que se tendrán que hacer gastos – muy probablemente – innecesarios en credenciales, papelería, logotipos, diseños, etc…¿realmente necesitamos hacer este gasto? ¿Acaso la legitimidad de la nueva Institución Electoral depende de una nueva imagen impresa? Creo que la legitimidad y la confianza que tengamos en una nueva Institución Electoral dependerá de la probidad de los representantes ciudadanos en la misma, y de la eficiencia en su operación.

Y esto está aún por verse.

 

ppenia@itesm.mx


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