De la soberanía y la seguridad alimentaria-1

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Dos temas diferentes, muy amplios y diferentes; pero complementarios sin duda alguna, y por tanto partes de un mismo todo. Tienen como meta única el que nunca falten alimentos sanos, inocuos y nutritivos en la mesa de las y los mexicanos. La soberanía alimentaria trata de la política pública para lograrlo; la seguridad alimentaria (SA), por otro lado, de la disponibilidad, acceso y presencia de los alimentos en nuestra mesa (en todo tiempo y lugar), y, por supuesto, de la capacidad financiera para adquirirlos.
¿Es nuestro País soberano en términos alimentarios? Francamente, y parafraseando a nuestra flamante Secretaria de Educación Pública, no puedo responder (con certeza) esa pregunta. ¿Lo somos en lo que se refiere a la SA? Aquí tenemos muchas posibles respuestas dependiendo del área del conocimiento que la estudie y la describa, del enfoque metodológico, de las herramientas estadísticas con las que se analicen los datos y se conviertan en resultados, de las variables de medición incluidas en los modelos matemáticos descriptivos y su significancia, etc.
En lo particular, creo que aún no hemos logrado “la palomita” en lo que se refiere a la SA.
En las zonas urbanas es difícil darnos cuenta de ello con esos sendos mercados y supermercados rebosantes de productos y ofertas por doquier, pero esto no aplica en las zonas rurales lejanas, las serranas y las desérticas. Todas ellas sumidas en la pobreza, el olvido y la marginación, donde “comer” las tres veces al día, como lo marca el canon nutrimental, es un verdadero milagro. Algunos dirán que la aún ausente SA es resultado de una distribución desigual de la riqueza; otros, de aspectos tecnológicos y su eficiencia en todos los eslabones de la cadena productiva.
Una combinación de ambos enfoques es lo apropiado si consideramos la definición del término mencionada líneas arriba.
Nuestro país tiene una superficie continental de casi 2 millones de km2 que equivalen a 198 millones de Ha de las cuales solo 27.4 millones tienen “vocación” agrícola y 115 millones “vocación” de agostadero.
El suelo agrícola es un recurso natural limitado con tendencia al deterioro, lo cual compromete la SA. Tendríamos capacidad para alcanzarla mediante un incremento sustancial de los rendimientos o ampliando la frontera agrícola. Incrementar esta última implica la introducción de tecnologías sustentables, la restauración de suelos agotados y la introducción de nuevos cultivos. Implica también lidiar con los problemas de salinización y de falta de agua en amplias regiones agrícolas.
Otro considerando, más sencillo de solucionar si consideramos lo anteriormente mencionado, es incrementar la eficiencia productiva. No considerar que, en términos globales, desperdiciamos el 30% de la producción (agrícola, ganadera, pesquera) tan solo por malos manejos de los productos es irresponsable en el cálculo de la SA. Además, en este cálculo, deberemos considerar también la fracción comestible de todo producto “natural”; de no hacerlo, los cálculos serían erróneos, debiéndose reportar entonces como consumo o disponibilidad alimentaria “aparente” y no “real”, como debería.
Continuaré con el tema en mis siguientes colaboraciones, en las cuales mencionaré las dimensiones que integran la SA

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