De las electro-patrullas, los baches y la indigencia

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Ser gobernante, en este caso Presidente Municipal o Gobernador del Estado, conlleva inherentemente el recibir problemáticas heredadas, las cuales, sin embrago, no deben ser utilizadas como excusas para las ineficiencias al desempeño del gobernante en el tiempo que transcurre. El querer ser gobernante obliga, necesariamente, al conocimiento de las mismas, lo cual es, o debiera ser, el reto para ser, finalmente, el encargado de resolverlas.
En esta ocasión hablaré de Hermosillo; ya habrá oportunidad de comentar sobre el Estado todo. Nuestra ciudad, como la ciudad capital del municipio, no escapa a una problemática ancestral y orgánica que se dilata trienio tras trienio sin que se vislumbre paliativo alguno en el corto plazo. Debo decirlo, para bien o para mal, las redes sociales sobreexponen a nuestro Presidente municipal, aunque sospecho que es por su gusto propio. Le gustan las redes a Antonio, se siente bien en ellas, lo cual no es malo en principio, aunque sí lo es cuando se abusa de ellas para temas que no derivan de su actividad como servidor público, como llega a ser el caso.
Empecemos entonces. Los asuntos de las “electro-patrullas” y los “ubicuos baches” han sido temas cotidianos en todos los medios de comunicación. En relación al primero, no me queda claro como este adelanto tecnológico beneficiará a todo hermosillense. Al menos, ¿cuánto será el ahorro en el consumo de gasolina y mantenimiento de esas “unidades”, pero cuanto será, también, el gasto en electricidad? ¿Si el balance es positivo generando un ahorro significativo, cuál será su destino? ¿Contamos con esos números?
Por otro lado, la cuestión de los baches es el tema de nunca acabar. Ciertamente esos “hoyencos” son omnipresentes y tienden a comportarse como hoyos negros que engullen todo lo que pasa a su lado ocasionando serios daños a los vehículos que tienen la desventura de encontrarlos a su paso. Imposible lidiar con ellos, más en vialidades donde taparlos es un gasto malentendido ante la necesidad imperiosa de pavimentarlas enteramente, de preferencia con concreto pues el asfalto es asunto del pasado. Tal vez el ahorro que generen las electro-patrullas pueda ser utilizado en ello. Sí la física nos dice que toda materia fluye, el asfalto lo hace más rápidamente que el concreto. Los resultados son por todos/as conocidos.
¿Y la indigencia? Este si es un problema mayor en nuestra ciudad el cual debiera tocar nuestras fibras más sensibles como seres humanos. La indigencia va más allá del prestigio de una supuesta moderna ciudad que cuenta con unas cuantas patrullas de última generación, o del infortunio de ser atrapado en la “profunda” profundidad del hoyenco que se nos atraviesa camino a la escuela o al trabajo en una apresurada mañana, echándonos a perder el día.
Prefiero prescindir de esas patrullas o seguir conviviendo con los universales baches con todas su consecuencias anímicas y económicas que seguir ocultando la vergüenza de saber que esas personas, iguales a nosotros, pero sin oportunidades, no cuentan con nuestra empatía e interés por aliviar de alguna manera su condición de vida. Su silencio ensordece nuestros oídos y nubla sin consideración nuestra mente y raciocinio. La ética y la moral continuaran desmoronándose mientras la indigencia perdure a nuestro alrededor. Su deambular diario expone la pobreza intelectual de nuestra sociedad (supuestamente) avanzada. ¿Qué hace el municipio al respecto?

Compartir