Diez razones para ser Científico

Por Ramón Pacheco Aguilar.-El título de mi contribución de hoy corresponde al título del ensayo del Dr. Ruy Pérez Tamayo, donde describe amenamente sus experiencias de vida que lo llevaron a convertirse en un renombrado científico mexicano y en un gran divulgador de la ciencia. Sin duda me identifico con sus diez razones. Este libro debiera ser leído por todos, pero muy especialmente por aquellos/as estudiantes que en su proyecto de desarrollo personal y profesional está el dedicarse a la investigación científica. Fue publicado por el Fondo de Cultura Económica en su primera edición en el 2013, contando actualmente (2021) con su cuarta reimpresión. Cuenta también con su edición electrónica desde el 2014.
¿Cuáles son entonces las diez razones del Dr. Pérez Tamayo? A saber: 1) Para hacer siempre lo que me gusta, 2) Para no tener jefe en mi trabajo. 3) Para no tener horario de trabajo. 4) Para no aburrirme en el trabajo. 5) Para usar mejor mi cerebro. 6) Para que no me tomen el pelo. 7) Para hablar con científicos. 8) Para aumentar el número de científicos en México. 9) Para estar siempre contento y 10) Para no envejecer. Interesantes, sencillas, lógicas y profundas, todas a la vez.
Recuerdo cuando me decidí por el camino de la ciencia. Considero que fue una decisión tardía porque no fue inducida durante mis estudios universitarios, sino después de haber tenido varias experiencias laborales en el periodo 1977-82. La iluminación llegó, tal vez influida por una incipiente madurez derivada de los desencantos profesionales vividos durante aquel lustro. Mi relación cotidiana con la ciencia si bien se inicia en aquel lejano 82, no es hasta el 89 cuando hago mi debut como investigador científico independiente. Son cuatro décadas, 40 años, de emociones constantes y continuas que tienen la firme intención de seguir incrementándose.
Dice el Dr. Pérez Tamayo que nosotros no hacemos bien lo que nos gusta, sino todo lo contrario, a nosotros nos gusta lo que hacemos bien Es fácil darnos cuenta de ello. El científico tiene la libertad para hacer siempre lo que le gusta, que es lo que sabe hacer bien. ¿Vencer la inquietud y la ansiedad ante lo incierto?
Ahora, no tener jefe es sumamente conveniente, pero significa el desarrollo de una independencia intelectual, elemento indispensable en la vida de todo científico/a. La ciencia es una actividad específicamente humana y esencialmente creativa, así como lo es el arte, cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza, y cuyo producto es el conocimiento. A este respecto, no hay nada más “científico” que postular una hipótesis para explicar un fenómeno. Qué se torne válida o no es secundario, pues independientemente de ello genera nuevo conocimiento.
Una parte muy importante de la ciencia es pensar, siempre pensar, pensar 24/7 sin tiempo para el aburrimiento, porque el trabajo científico siempre está lleno de sorpresas y cada vez que se alcanza una respuesta surgen nuevas preguntas.
Es la mejor manera de usar el cerebro, dice. A los científicos/as se nos paga por pensar, prometiendo siempre resultados positivos; o sea, conocimiento nuevo (ese que nos acerca cada vez más a la verdad)
Imposible comentar todo lo que expone el Dr. Pérez Tamayo en este espacio; sin embargo, cierro con algo que especialmente me gusto de su ensayo: La investigación científica es una actividad a través de la cual se puede conservar la “eterna juventud”.
Recomiendo su lectura, en especial a todos/as esos jóvenes que ven en la ciencia un estilo y filosofía de vida. Su encomienda es ser mejores que nosotros.

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