El CIAD y sus primeros 40 años

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Cada vez que tengo la oportunidad reitero lo acertado de mi decisión en aquel, ahora lejano, diciembre de 1981, cuando por primera vez visité las instalaciones del otrora IIESNO (Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores del Noroeste), precedente y antecedente del actual Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C. (CIAD), situado entonces en la vieja casona en la confluencia de Campodónico y Emilio Beraud en la Colonia Centenario.
Era sábado, por cierto, y vísperas de Navidad, pero todo mundo estaba trabajando. En aquel entonces el personal no excedía las 20 personas, la mayoría mujeres como lo es actualmente, pero ahora con una comunidad que excede los 450 considerando las 9 unidades que conforman nuestra Institución.
Aquel día decidí que tenía que trabajar y formarme en esta comunidad científica dedicada a la generación de conocimiento. Impulsado por mi querido amigo y mentor, el Dr. Mauro Valencia, el fundador y Director en aquel entonces, Dr. Carlos Enrique Peña Limón, dio el sí a mi contratación a partir de febrero del 1982, contando un servidor con tan solo 27 años, justo un mes antes del 16 de marzo cuando el IIESNO se transforma en CIAD. En esta fecha se inicia su historia y mi historia en la ciencia.
El Dr. Peña Limón (QEPD) fue el gran soporte anímico para todos aquellos/as jóvenes veinteañeros que hoy rondamos, cronológicamente hablando, la séptima década de existencia. Para él, mi perenne reconocimiento y agradecimiento.
Cuatro décadas, como la señora de la canción, con la madurez que solo se logra con la edad y el uso adecuado de la única constante de la vida: el tiempo. Puedo decir con orgullo y confianza plena que CIAD es uno de los pilares de la investigación científica en Sonora.
Su comunidad científica le ha dado renombre en los ámbitos regional, nacional e internacional. Su investigación ha impactado tanto en la formación de recursos humanos, en la generación de nuevo conocimiento y en la transferencia del mismo a través de diversos esquemas de vinculación. Su historia está escrita en “la María”, en sus laboratorios, en sus plantas de prototipos, en sus aulas, en sus corredores, pero, sobre todo, en el rostro de su gente.
La filosofía institucional siempre ha sido “su gente primero, después viene la ciencia”. En este sentir, desarrolló desde sus inicios un exitoso programa de formación de personal científico en prestigiadas universidades nacionales e internacionales. Yo mismo soy producto de ello.
Sin duda una metamorfosis de apoderó de su historia, pero no en los términos kafkianos sino generando una mejora continua. Una quimera transformada en entelequia más allá de la imaginación, con presencia en seis estados de la república (Sonora, Sinaloa, Nayarit, Michoacán, Chihuahua e Hidalgo), y nueve unidades (Hermosillo, Guaymas, Culiacán, Mazatlán, Tepic, Morelia, Cd, Cuauhtémoc, Delicia y Pachuca) como se mencionó anteriormente, teniendo a CIAD Hermosillo como su centro cede que aloja a su Dirección General.
Como toda institución en crecimiento, la problemática aflora cuando los presupuestos asignados no alcanzan para cubrir las necesidades todas. Este es el común denominador en toda institución, tanto de educación superior como de investigación científica y desarrollo tecnológico. Pero bueno, esta contribución no tiene por objetivo lamentación alguna, sino festejar y transmitir la alegría y la satisfacción de sentir que mi institución es vector del desarrollo nacional, y asegurarles que mis compañeros/as (colegas y personal administrativo) seguiremos trabajando para que la excelencia, convertida en hábito institucional, perdure sin fin. Felicidades CIAD. Felicidades Compañeros/as. Un abrazo. Enhorabuena.

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