El color de las cosas

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Con tanto de que hablar y comentar sobre política y sociedad, prefiero reservarme para un futuro muy próximo pues requiero documentarme un poco más sobre los temas que me interesa abordar (Reforma a la Ley 4 Orgánica de la Universidad de Sonora; Soberanía y Seguridad Alimentaria; Política Estatal de Apoyo a la Ciencia, etc.). Luego entonces, comentaré sobre uno que creo dominar en mi haber como investigador: El color de las cosas.
El color es un atributo sensorial (físico) de casi todas las cosas, el cual depende primeramente de la luz y de como ésta incide sobre su superficie. Si no hay luz, simplemente no hay color. Todos/as habremos escuchado, en el argot popular, aquello que dice: “en la noche todos los gatos son pardos”. Poca luz nos hace figurarnos cosas, lo cual podría ser el origen de serios problemas.
Tiempo atrás, medir el color de un objeto era un asunto subjetivo por lo que era difícil considerarlo como una variable medible y comparable en cualquier situación, aun haciendo uso de personas entrenados para ello. El avance de la ciencia nos llevó a metodologías objetivas para su medición, constituyéndose el color en una variable utilizada muy comúnmente para diferenciar tratamientos experimentales aplicables en mucha disciplinas y situaciones, entre ellas los alimentos.
El color de las cosas, como mencione anteriormente, depende de la luz y su tipo (su longitud de onda) y del ángulo de incidencia sobre la superficie del objeto que deseamos medir; por ello, los objetos coloridos se ven diferentes al amanecer o al atardecer comparados cuando los vemos al mediodía. Pero también depende de las características de su superficie (pulida o rugosa), de su tamaño y forma (a los/as gorditos y chapos le queda el negro; a los/as altos y flacos, el rojo), y de la distancia de medición (el auto azul obscuro que se aproxima desde lejos, cuando nos alcanza resulta ser verde obscuro), entre otros considerandos.
La diversidad de colores es muy amplia, aún entre objetos con el mismo matiz. Así tenemos objetos “verdes obscuros brillantes” y otros “verdes claros opacos”. Ambos tienen el mismo “matiz” pero son colores diferentes. Las tres características básicas del color de un objeto son su matiz (azul, rojo, verde, guinda, etc.), su luminosidad (claro u oscuro) y su saturación o cromaticidad (brillante u opaco).
Los fundamentos teóricos de una de las metodologías de medición objetiva del color es la Colorimetría se Triestímulo, ya sea el sistema L, a, b, o el L*, a*, b*, donde el valor “L” representa la luminosidad (claro u obscuro), mientras que la combinación de “a y b” nos sirve para determinar el matiz y la cromaticidad/saturación del objeto. Todos los colores están comprendidos en lo que se da en llamar “Sólido de Color”, un concepto teórico- imaginario. Así, un valor L de 80, una a de 40 y una b de 5, nos indica que el color del objeto es rojo claro brillante. Si en su lugar la L fuese 20, sería un rojo obscuro, igualmente brillante.
El equipo utilizado para medir el color se conoce como colorímetro. Los colorímetros son completamente computarizados, habiendo de mesa y portátiles. Yo lo he usado en clase uno portátil como ejercicio demostrativo para medir el color de las carpetas de mis alumnos. Lo interesante de estos equipos es que nos permiten medir la diferencia de color o cromaticidad entre dos objetos de igual matiz o incluso diferente, de objetos sólidos o transparentes. Esta metodología se utiliza, por ejemplo, para medir el cambio de coloración en carnes y pescados durante su almacenamiento o procesado o para monitorear la maduración de frutos. Una invaluable herramienta científica. Poder medir el color de las cosas, sin duda, hace la diferencia. Saludos.

Compartir