El fantasma inflacionario es real

Por Por Javier Villegas Orpinela.-El crecimiento continuo de precios en México “goza de cabal salud” y en contraste la economía de las familias y hasta de las empresas empiezan a sentir el rigor de unos bienes y servicios cada vez más caros.
El Inegi reportó que en marzo pasado la inflación general se ubicó en 7.45 por ciento anual, su nivel más alto desde enero del 2001, cuando resultó de 8.11 por ciento, pero en el caso del grupo de los alimentos ésta alcanzó un alza del 12.76 por ciento, la más elevada desde septiembre de 1999, cuando fue de 12.84 por ciento, es decir, que ahora es la más fuerte ¡en lo que va del siglo 21!
Ante una inflación que no cede, el Banco de México habrá de elevar la tasa de referencia hasta un máximo del 8.5 por ciento al cierre de año. Empero, las consecuencias de un dinero más costoso será una evolución económica nacional todavía más débil.
En tanto los precios crecen en México, en Estados Unidos la inestabilidad también “se envalentona”.
En la Unión Americana la inflación se disparó durante el año pasado a su ritmo más rápido en más de 40 años, y los costos de los alimentos, la gasolina, la vivienda y otras necesidades exprimieron a los consumidores estadounidenses y acabaron con los aumentos salariales que mucha gente ha recibido.
De acuerdo con el Departamento de Trabajo de EU, el Índice de Precios al Consumidor aumentó 8.5 por ciento en marzo desde 12 meses antes, el mayor aumento interanual desde diciembre de 1981.
En este escenario es altamente probable que México importe algo de la inflación americana toda vez que la cuenta corriente de la balanza de pagos está altamente sintonizada con la economía más grande del mundo.
¿Además de una política monetaria restrictiva, qué debería hacer el Gobierno mexicano para desinflar en el corto plazo el nivel de precios?
Empezar a hacerse amigo de los inversionistas nacionales y extranjeros.
También maniobrar desde la Secretaría de Hacienda con incentivos fiscales a favor de los sectores con más potencial de crecimiento.
En la medida que la economía real se fortalezca, el empleo crecerá así como también la percepción económica de los trabajadores.
La producción de bienes y servicios crecerá y una mayor oferta de benefactores tenderá a presionar los precios a la baja.
Incentivar la producción de cereales y materias primas también apoyará en el mediano plazo a contar en el País con una menor inflación.
El reto para el Gobierno federal lo tiene enfrente, es cuestión de que cambie sustancialmente su estilo de hacer política económica y los resultados en estabilidad, en crecimiento y en una creciente calidad de vida empezarán a brotar a lo largo y ancho del País.
Una gobernanza que refuerce el Estado de Derecho desde el respeto institucional revigorizará al México en todos sus sectores.
Por el contrario, continuar por la senda que se ha marcado desde el 1 de diciembre del 2018, es garantía de un mayor fracaso.
Desactivar o descafeinar la contrarreforma eléctrica sería un primer gran paso en la dirección correcta.

jvillegas@correorevista.com
Twitter: @JvillegasJavier

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