El lío del gobernador de Nueva York

Por Sergio Alonso Méndez.- La Noticia: El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, acosó de forma física y verbal a varias mujeres, concluyó una investigación independiente… (bbc.com).

Comentario:

Un caso más donde la falta de control de las hormonas puede costar un puesto público importante. Si un gobernador no respeta a las mujeres en su entorno cercano, ¿qué puede esperar el ciudadano común de sus acciones políticas? En la situación de Cuomo, no parece haber existido violación o adulterio, pero los tiempos han cambiado y ahora tocamientos o insinuaciones son suficientes como para que el presidente Joe Biden sugiera la renuncia del gobernador.

“La investigación independiente encontró que el gobernador Cuomo acosó a varias mujeres, muchas de las cuales eran jóvenes, al participar en toqueteos, besos, abrazos no deseados y al hacer comentarios inapropiados,” dijo la fiscal del caso. Cuomo estaba (probablemente sus posibilidades están ya mermadas) considerado como potencial candidato demócrata a la presidencia.

La investigación enfatizó tres puntos. Primero, que las denuncias de acoso sexual no fueron aisladas, sino parte de un patrón de comportamiento. Cuomo dijo que “sólo” saludaba de beso, aunque el problema es que sus manos se ubicaban en sitios poco propicios. Segundo, el testimonio de una mujer policía, asignada como guardaespaldas a petición de Cuomo, mencionando que este aprovechaba la cercanía requerida por el empleo para tocarla. Tercero, la existencia de una cultura de temor y represalias en el entorno del gobernador. Hacía sentir a las mujeres que, si lo acusaban, ellas serían quienes perderían puesto y carrera.

No es la primera vez en que las hormonas traicionan a un político. Tal vez el escándalo sexual más famoso haya sido la aventura de Bill Clinton con Mónica Lewinsky. Nunca un reporte de investigación federal había logrado tener más lectores que los obligados jueces y abogados del caso. Sin embargo, el reporte Clinton-Lewinsky fue leído por cientos de miles de ciudadanos americanos quienes encontraron en su lectura inspiración para incontables bromas y, debido a sus descripciones detalladas, fue la envidia de publicaciones para adultos. Clinton fue perdonado por su esposa, pero estuvo a punto de perder la presidencia de los Estados Unidos, y no tanto por la aventura, sino por haber mentido durante las investigaciones. Salvó la presidencia cuando alegó que una actividad de sexo oral no es equivalente a tener sexo con una persona, por lo que no había mentido cuando negó tener sexo con Mónica. ¿Un tecnicismo? Habría que preguntarle a Hillary si sintió alivio al saber que su esposo “sólo” había tenido actividad lingüística.

Cuando alguien abraza un puesto público, debería saber que sus acciones, incluso las supuestamente privadas que ocurren en la recámara, van a tener un impacto importante y por lo tanto deberían demostrar un cierto grado de dominio propio. Si aún en las épocas de Enrique VIII o de Luis XIV trascendían las infidelidades, las personas públicas de hoy están a un “twittazo” de ver sus aspiraciones políticas esfumarse.

Hoy más que nunca, una conducta privada ejemplar será el sustento de una figura pública intachable.

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas

salonsomendez@gmail.com.

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