Esa democracia universitaria

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Aires de cambio empiezan a sentirse en el Campus de nuestra Alma Mater, Universidad de Sonora. Por definición todo cambio debiese ser bueno, ¿pero es así siempre? Ardua tarea el revisar y analizar caso por caso.
La Ley Orgánica No. 4 que rige la vida de la universidad desde 1991 pronto entrará en un proceso de revisión y adecuación para dar paso a una nueva ley. Toda ley es perfectible y la 4 no es la excepción. Esta ley sustituyó a la 103 generando expectativas y una nueva era para la nuestra universidad ubicándola en los escenarios nacional e internacional.
Bien sabemos que los escenarios son cambiantes, como lo son las realidades y los momentos históricos. Pero, independientemente de ello, la verdad es única pues obedece al principio de honestidad intelectual. Para hacer una buena crítica de una Ley debemos ubicarnos en aquellos escenarios y realidades, conocer la historia que los arropa y hacer el obligado y certero análisis retrospectivo. De ello derivará el saber cuáles fueron sus ventajas pretéritas e identificar sus deficiencias actuales. El considerar y reconocer los resultados obtenidos durante su vigencia es obligación y una gran responsabilidad de todos/as los autores y actores que participaran en este inminente y perentorio proceso. Habrá que documentarnos bien. Cometer errores es un lujo innecesario cuando una comunidad tan amplia y diversa como la universitaria está involucrada.
A todos nos gusta el término “democracia”, sin saber que el mismo ha sufrido cambios y adecuaciones muy significativas desde su invento en la antigua Grecia. El funcionamiento de aquella democracia sería inaceptable y rechazada sin excepción alguna en los tiempos que transcurren. La evolución política del término ha sido sorprendente. Pues bien, caminando por los senderos universitarios me ha tocado escuchar a jóvenes estudiantes muy entusiastas, utilizando sendos aparatos de sonido, comentar sobre la democracia universitaria denostando diestramente a la 4 en relación a esa supuesta y funcional democracia. Siempre será bueno el que los/as jóvenes se involucren activamente en la vida de su universidad, pero su genialidad tiene como premisa obligada aportar innovación.
En el primer lustro de la década de los 70’s, bajo la 103, la democracia universitaria era una falacia, no obstante, la existencia de un Consejo Universitario y los Consejos Académicos en cada escuela. Existía un desencanto absoluto de parte del estudiantado hacia esos órganos colegiados supuestamente representativos y por ende democráticos, pues eran controlados por las autoridades quienes eran fieles representantes o voceros del Estado represor. Los hechos del 67, 68 y 71 estaban aún muy próximos. Rectoría contaba con su propio grupo de choque contra estudiantes, maestros y trabajadores, denominados “micos”, conformados por lumpen estudiantes, maestros y “otros” que no eran ni una cosa ni otra.
Ante este clima de terror, donde la academia era cosa suplementaria, habría que trabajar para convencer al estudiantado de recuperar la confianza en los órganos colegiados mencionados líneas arriba y hacerlos realmente representativos y funcionales con un enfoque centrado en la calidad académica y una verdadera democracia universitaria. Teníamos que empezar de cero. El trabajo se inició con la conformación de Comités de Lucha como parte de un nuevo activismo estudiantil, logrando interesar e involucrar a la comunidad universitaria recuperando así su participación en aquellos consejos que existían solo de nombre. En esa efervescencia participativa llego 1975, dónde se complementó el activismo universitario a través de los Consejos y sus Comités de Lucha, con la lucha del sindicalismo independiente de trabajadores y maestros. Entonces emerge en su máximo esplendor la respuesta implacable de rectoría y sus micos. ¿Qué pasó en ese 75, en marzo y abril específicamente? Lo comentaré, sin falta, en mi próxima colaboración. Por ahora, ¡¡¡ 2 de Octubre, no se olvida!!!

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