Hablemos del mentado Litio (Li)

Por Ramón Pacheco Aguilar.-En los últimos meses todos hablamos del Li, con mayor o menor grado de “expertise” o de conocimiento. Es, sin duda, el metal de moda, pues todo parece indicar que somos un País, y en particular un Estado, con las reservas de este elemento que teóricamente nos vendrían a salvar de la situación económicamente critica en la que nos encontramos, como supuestamente lo harían, en su momento, el petróleo y el uranio.
Entonces, es interesante y necesario el tener la siguiente información. El Li es uno de los 118 elementos de la Tabla Periódica (TP), siendo esta la disposición de los elementos químicos en forma de tabla, ordenados por su número atómico (NA), por su configuración electrónica (CE) y por sus propiedades químicas. Se encuentra en el Grupo I (por lo que es un metal alcalino), en el periodo 2 y en el bloque “s”. Es el tercer elemento de la TP por lo que cuenta con tan solo tres electrones; o sea, tiene un NA de tres. Su CE es 1s2 2s1, lo que significa que tiene dos electrones apareados en su primer nivel de energía (1s2) y uno desapareado en nivel 2 (2s1), todos en orbitales “s”. En su forma pura es un elemento blando, de color blanco plata, que se oxida fácilmente en presencia del oxígeno o aire.
Es el elemento solido más ligero con una masa atómica de 6.9, con tres protones y cuatro neutrones en su núcleo. Es muy reactivo por lo que no se encuentra libre en la naturaleza sino formando sales. Se emplea especialmente en aleaciones conductoras de calor y en baterías eléctricas (celulares, computadoras y autos eléctricos). Sus sales suelen emplearse en el tratamiento del “trastorno bipolar”.
Pese a que no hay certeza absoluta, nuestro País tendría 1.7 millones de toneladas del mineral (no de Li puro) representando tan solo el 2% mundial. Chile y Bolivia son otros Países de Latinoamérica que tienen reservas de este metal.
El Li se considera el oro blanco del Siglo XXI. Últimamente se menciona que nuestro País cuenta con uno de los yacimientos mas grandes de este metal, situado en las inmediaciones de Bacadéhuachi, Sonora. Supuestamente, sus yacimientos tienen en reserva 243 millones de toneladas.
Ante toda esta “promisoria” situación, y ante el fracaso de la contrarreforma eléctrica, el gobierno de López se apresura a adecuar la constitución para nacionalizar el Li, lo que significa que toda su cadena de producción sea manejada por mexicanos expertos, ofreciendo, teóricamente, que los beneficios de esta propiedad serán transferidos únicamente al pueblo de México. Sin embargo, no olvidemos que esta misma historia la hemos escuchado al menos dos veces, en gobiernos previos, con los casos del petróleo y el uranio sin que los beneficios ofrecidos se hayan hecho realidad.
Como País, no contamos con el “know how tecnológico”, ni con los recursos financieros que nos permitan, en un periodo perentorio, aprovechar esta riqueza natural. Tal vez cuando lo tengamos, habiendo transcurridos años o lustros, el Li haya abandonado su sitio de actor principal en el escenario tecnológico, siendo desplazado por otro elemento, compuesto o aleación de mayor renombre y utilidad. Tal vez, pero solo tal vez, valga la pena darle un significado nuevo al termino nacionalización mas acorde con el mundo globalizado en el que vivimos, generando definiciones operativas precisas en nuestro beneficio. Tal vez.

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