Indigencias

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Tanto que escribir, que analizar, que comentar, que discutir, que debatir. Tantos temas, unos elaborados, confusos; otros, sin sentido que devoran los medios de comunicación y las redes sociales, sin gusto, sin provecho, sin beneficio alguno en la mayoría de los casos. Ya son los medios y las redes nuestra costumbre, nuestro vicio cotidiano donde muchas veces el morbo es el único justificante para dedicarles tiempo y atención. En este fluctuar cotidiano, donde la filosofía y la moral son completamente imperceptibles, tal vez ausentes, vivimos inmersos sintiéndonos a veces útiles, pero también, a veces, inútiles e indefensos, transcurren nuestros pesares y afanes diarios.
Es en este escenario, donde la vida de otros, la de otros muchos, los/as indigentes, pasa muy junto a nosotros chocándonos y hasta golpeándonos sin intensión, pero a la vez reclamándonos atención, tratándonos de decir con su mirada lejana, tal vez perdida, que no son invisibles o inmateriales, sino de “carne y hueso” como todos, que sienten aún, lamentando el que la oportunidad, la buena circunstancia, la fortuna o la providencia hayan sido omisas con ellos/as.
Hermosillo, nuestra bella ciudad, es una ciudad donde las indigencias coexisten en cada esquina con las opulencias abundantes, indiferentes e incapaces de generar empatías con los que carecen de todo. Niños/as, adultos y jóvenes con serias incapacidades físicas y mentales, cuasi desnudos y sucios nos muestran su nula calidad de vida. ¿Qué ocasionó este estado de cosas, sin igualdad, sin equidad, completamente amoral? La definición de indigencia por sí sola no lo explica. ¿Entonces, cuáles son los complementos de esa definición incompleta? ¿Son los/as indigentes únicos responsables de su desventura? ¿Cuál fue el punto de quiebre en sus vidas que los lanzaron a vivir en condiciones de calle? ¿Cuál es el rol del Estado en todo ello?
En días pasados se publicó en un diario de circulación estatal la percepción ciudadana sobre la problemática relevante en el estado. En esa encuesta se mencionan temas que pudiesen estar directa o indirectamente relacionados con el tema que me ocupa, como la inseguridad y la violencia, la falta de hospitales, el desempleo, la economía y su crisis, y la pobreza por supuesto. Creo que todos están relacionados con ella por lo que no podemos “sacarle la vuelta” o mucho menos racionalizar el tema. Luego entonces, el Estado debe generar una Política Publica que atienda a ese desprotegido e indefenso sector de la población, que son ante todo conciudadanos. Ante esta grave situación humana, los ubicuos baches y el trauma perenne del transporte público en nuestra ciudad son cosas pueriles comparadas con la vida en filo de ellos y ellas.
Organizaciones altruistas de la sociedad civil hermosillense, a las cuales debemos de reconocer y admirar su esfuerzo desinteresado, no pueden con el problema. No les corresponde a ellas el resolverlo. Es necesario que el Estado lo reconozca, lo atienda y lo resuelva, o al menos lo palie. No los puede abandonar. La indigencia es un problema de salud, de sobrevivencia, con muchas aristas que confluyen en ella. Tantas cosas que se pueden hacer, pero la genialidad e independencia de pensamiento de la que tanto no hablaba Kant, es inexistente en el pensar y actuar de nuestros gobernantes por mas doctorados o visión high tech que dicen tener.
Aprovecho la ocasión para felicitar a la Mujer del Mundo en este ocho de marzo, donde con gusto, respeto y admiración, conmemoramos su día.

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