Los 11 de septiembre

Por Ramón Pacheco Aguilar.- Escuchar esta fecha, sin duda, nos remonta al año 2001. El atentado contra las torres del World Trade Center (WTC) y la muerte de más de 3000 personas inocentes transformó no solo a la sociedad norteamericana sino a todo el mundo.

A partir de entonces, ya nada ha sido igual. Año con año rendimos tributo a los caídos en ese acto cobarde liderado por Al Qaeda y Bin Laden, mismo que desató la respuesta militar por parte del gobierno de los EEUU en una guerra intervencionista sin fin que inicia en Afganistan e irradia a Irak, por decir lo menos, y un balance de muertes con cifras que bien exceden en muchos múltiplos a la cifra mencionada líneas arriba. Después de 20 años de historia, Afganistan se debate en sus conflictos internos que fueron azuzados por la presencia norteamericana en ese mismo número de años.  

Otro 11 de septiembre que no debemos olvidar, pero ahora de 1973, es el golpe militar que derrocó al Presidente Socialista Chileno, doctor Salvador Guillermo Allende Gossens. La coalición de la Unión Popular (UP), con un 33% del voto popular, lo llevó democráticamente al poder en noviembre de 1970. Casi tres años después, la oligarquía chilena, las trasnacionales yanquis, y las fuerzas armadas, incluidos los carabineros, comandados por Augusto Pinochet, toman por asalto La Moneda defendida valientemente por don Salvador, hasta su muerte. La cruenta dictadura pinochetista reprimió a la población chilena por más de 17 años; fue complementaria a tantas otras que coexistieron en nuestra América Latina de aquellos años, entre las que se cuentan las de Paraguay, Uruguay, Brasil, Argentina, Bolivia, Guatemala, Nicaragua. Todas ellas, finalmente, con el resurgimiento de la democracia, tuvieron su fin. Ahora, esa democracia que tanto costó, sufre descalabros y desvíos que la han conducido por las sendas de populismos, protofascismos y pseudos socialismos trasnochados, dañando los ideales y necesidades de un bienestar social común, transversal e incluyente.

Por último, menciono un 11 de septiembre que tal vez, pero solo tal vez, sea tan solo importante para los espíritus melómanos como un servidor. Corría el año 1971. Me refiero al festival de Rock en el paradisiaco Avándaro, evento que reunió a más de 300,000 rockeros del país. Avándaro fue la expresión de una contracultura que venía tomando por asalto a la anquilosada sociedad mexicana como respuesta a la represión política que seguía presente desde el dos de octubre de1968 y a la ocurrida tan solo tres meses atrás, el 10 de junio de ese mismo año. Ese rock, iconoclasta, utópico, incluso romántico, fue satanizado por la sociedad conservadora de aquel entonces, borrando y reprimiendo su libre expresión en los medios masivos de comunicación, principalmente en la radio. Entonces, ese rock se refugió, por muchos años, en los hoyos funk y en las tocadas. Cómo olvidar al Three Soul in my Mind, Bandido, Dug Dugs, Peace and Love, El Amor, Epílogo, La División del Norte, El Ritual, Los Yaki, Tinta Blanca, Tequila, y Mayita Campos, algunos de ellos invadiendo nuevamente las ondas hertzianas desde hace años, ahora reivindicados completamente.

Tuve oportunidad de visitar las Torres y estar, como se dijo en su momento, en la “cima del mundo”; de conocer también La Moneda y la oficina del Señor Presidente Allende, así como deleitarme con los melodiosos, y a veces no tanto, acordes musicales de las grandes bandas de rock mexicanas, durante mi periodo “Puma”. Por ello, cada once de septiembre me acompañan esos recuerdos que seguirán, con carencia de olvido, en mi vida.

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