Los universitarios y la incertidumbre

Por Ramón Pacheco Aguilar.-La incertidumbre suena a mecánica cuántica. El Principio de Incertidumbre de Heisenberg, conocido también como Relación de Indeterminación, nos habla de que no podemos medir, ni saber simultáneamente y con precisión, las propiedades de velocidad (momentum) y posición del electrón en el átomo.
A lo más que podemos aspirar es a describir el espacio probabilístico, conocido como orbital, donde se encuentra y se mueve. La incertidumbre es la base del modelo atómico actual junto con la Ecuación de Onda de Shroedinger y el Principio de Exclusión de Pauli.
Pero el concepto “incertidumbre” aplica perfectamente a múltiples situaciones de la vida real. No es un término muy popular, pues induce temor, miedo y desconfianza. Un término estadístico que genera hipótesis, ya sean nulas o su contraparte las alternativas.
Por ejemplo, el mercado laboral al que se enfrentan los/as jóvenes universitarios recién egresados, es cada vez más competido y competitivo En este escenario de alta competitividad se observa un desequilibrio entre lo aprendido en el aula y lo requerido en el trabajo/mercado.
Tremenda frustración, sorpresa e incertidumbre de colocación laboral para nuestros/as jóvenes egresados de universidades e institutos tecnológicos. ¿Ante esta situación que ha dejado de ser la excepción para convertirse prácticamente en la regla, que podemos hacer?
Como bien lo señalara Pavlov: “El lenguaje de los hechos es más elocuente que las palabras”. Así, tenemos jóvenes egresados que no encuentran trabajo o que se subemplean con salarios pírricos sin concordancia alguna con las grandes sumas gastadas y los esfuerzos invertidos a lo largo de toda su vida estudiantil/académica.
Si a lo anterior le sumamos que el desempleo en la población económicamente activa (PEA) está por arriba del 5 % y que la perspectiva de crecimiento económico sigue a la baja, situándolo algunas agencias especializadas entre 2.4 y 2.0 %, incluso inferior, el panorama para ellos/as no es nada alentador.
Al respecto, necesitamos generar nuevas ideas que detonen la creación de nuevos empleos, innovadores y de última generación como se dice. En relación a esto, el discurso político está muy gastado. No hay nada nuevo en su contenido, ni en su sintaxis, ni en su prosodia porque no distingue la diferencia entre gasto e inversión educativa; entre deseos y realidades; entre promesas y cumplimientos. Ciertamente no le corresponde al gobierno crear estos empleos sino aportar la infraestructura y condiciones para que los empresarios inviertan en ello. Mucho que comentar al respecto.
Año con año miles de jóvenes recién egresados se enfrentan a esta incertidumbre laboral. Vivimos en una época de creencias disminuidas; aun así, sus expectativas como jóvenes deben ser amplias y en ellas deberán seguir trabajando. Entre otras cosas, deberán considerar la independencia, iniciativa y genialidad de la cual nos habla Kant, para convertirse en profesionistas independientes/empresarios, como, tal vez, la mejor opción.
La función de la Instituciones de Enseñanza Superior (IES) es educar a nuestros/as jóvenes para hacerlos más útiles a la sociedad. Gobierno y empresa deben aprovechar todo lo que los/as jóvenes egresados representan para nuestro País; no para el futuro, sino para el presente. Démosles su espacio, démosles su reconocimiento y eliminemos, o al menos reduzcamos, esa incertidumbre. Después de todo, los tiempos críticos son tierra fértil para sembrar esperanzas.

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