¿Patentar, para qué?

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Los Centros Públicos de Investigación y la Universidades tienen entre sus encomiendas el generar nuevo conocimiento. Una de las vertientes mediante la cual este conocimiento se manifiesta en su entorno es en la generación de publicaciones científicas, en la formación de Recursos Humanos a nivel Licenciatura, Maestría y Doctorado, y en la obtención de reconocimientos nacionales o internacionales. Históricamente, estas manifestaciones de “éxito” han dado prestigio a la comunidad científica y académica sonorense muy a pesar de los nulos, o muy reducidos, apoyos directos de los gobiernos estatales pretéritos y actuales.
Sin embrago, es necesario hacer algo más, ahora más que nunca: Proteger el conocimiento que generan y promover su apropiación productiva con un definido e imperativo impacto social y una clara visión de negocio, teniendo como escenario de acción el mudo todo. Una de las figuras jurídicas de protección del conocimiento es asegurar la propiedad industrial/intelectual a través de una “patente”. La patente es la concreción de la investigación en una propuesta de desarrollo tecnológico y productivo, viable financieramente, que por definición debe ser innovadora. La aplicación de la patente es una forma de verter el conocimiento científico, probado y validado, en los esquemas productivos de países y regiones, el cual deberá traducirse en incremento de su competitividad.
¿Qué beneficios brinda una patente? 1) Derechos exclusivos de utilización y explotación de la invención. 2) Sólida posición en el mercado. 3) Mayor rendimiento de las inversiones aplicadas. 4) Aumento del poder de negociación. 5) Imagen positiva. 6) Oportunidad de vender la invención o cederla bajo licencia, generando una nueva fuente de ingresos.
Actualmente son ya muchas las patentes registradas y otorgadas por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), a la Universidad de Sonora y al Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), por ejemplo. Este orgullo institucional debiera impactar al desarrollo de Sonora, pero desafortunadamente hasta hoy, no ha sido el caso. ¿Entonces, que hay que hacer? Lo que sigue, sin más demora, es ponerlas a trabajar vendiéndolas o transfiriéndolas en beneficio del desarrollo productivo y social de nuestro estado.
Las instituciones y los gobiernos deben trabajar, conjuntamente, en esquemas integrados de promoción y comercialización de estas patentes a nivel internacional y, como lo mencioné anteriormente, con una clara visión de negocio. Para ello, se requiere de equipos formados profesionalmente en la venta del conocimiento. A la fecha, este tipo de profesionales brilla por su ausencia en Sonora. La “venta del conocimiento” debiera ser una actividad sustantiva más de las instituciones científicas y académicas, sin confundirla con la variada e importante vinculación que realizan diariamente pues la venta del conocimiento es complementaria, necesaria y urgente, dentro de la amplia gama vinculación institucional.
El Gobierno del Estado debiera tener el inventario de todas las patentes sonorenses y preparar, como una de sus responsabilidades, un portafolio para la promoción de las mismas a escala mundial. Por otro lado, las instituciones de investigación y académicas deben entender que la “venta del conocimiento” es la puerta para generar nuevos y exitosos escenarios financiero-presupuestales que les permita, con holgura, seguir avanzando y consolidando sus programas institucionales. No pueden seguir solo esperando que haya mejores incrementos presupuestales por parte de los gobiernos federal y estatal. Bien sabemos de la muy baja probabilidad de que ello suceda en el corto plazo. Por ello se deben abrir nuevos caminos y convertirlos en súper carreteras que las conecten con todo el mundo, porque ahí es donde están esperando los potenciales compradores del conocimiento. Con una buena promoción y venta, estaríamos hablando de millones de pesos; pero si es en millones de dólares, mejor. Aprendamos de las experiencias de las grandes universidades y centros de investigación del extranjero que prácticamente viven de ello. Me refiero a la “venta del conocimiento”.
Debo hacer la aclaración que éste ha sido un tema reiterado de parte de un servidor, sin que a la fecha haya habido alguna respuesta o avance. Tal parece que las patentes sonorenses son solo un asunto de vanidad. Quisiera estar equivocado. Ojalá.

Compartir