Sobre el Conacyt, el SNI y las cátedras

Por Ramón Pacheco Aguilar.- En mi vida profesional, la cual inició allá por 1977, me he desarrollado casi completamente en el ámbito docente y en de la investigación. 

Mi breve estancia de nueve meses en la empresa privada, cuando me desempeñé como Jefe de Control de Calidad de Cremería del Yaqui, durante 1978, me significó una experiencia única, pues aprendí mucho de lo que en ese interesante ámbito debía aprender. Sin embrago, el ambiente académico era, desde aquel entonces, lo mío.

Complementando la impartición de clases, la dirección de estudiantes, el desarrollo experimental de mi investigación y la publicación sus resultados, me interesa la divulgación científica y la trasmisión y concurrencia del conocimiento a través de esquemas y estrategias de vinculación.

Pero también, el análisis, la crítica y los comentarios sobre lo que se denomina “política pública” de apoyo a la investigación del Estado Mexicano.

¿Existen en nuestro País políticas públicas a este respecto? Definitivamente existen, pero no todas lo exitosas que debieren. 

Pudiésemos decir que todo comenzó con la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en 1970, siendo Presidente el Lic. Luis Echeverria Álvarez, como una política pública exitosa el Consejo es un organismo público descentralizado del Gobierno federal mexicano dedicado a promover el avance de la investigación científica, así como la innovación, el desarrollo y la modernización tecnológica del País. 

Posteriormente, y en respuesta a la situación que enfrentaba la comunidad científica en nuestro País a raíz de la crisis de 1982, por decreto del presidente Miguel de la Madrid, en 1984 se creó el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), para reconocer la labor de las personas dedicadas a producir conocimiento científico y tecnológico.

Su propósito es promover el desarrollo de las actividades relacionadas con la investigación para fortalecer su calidad, desempeño y eficiencia. 

El SNI ha probado ser también una política exitosa desde su inicio, permitiendo generar una percepción económica compuesta y más competitiva económicamente para el investigador. 

Por su parte, el Programa de Cátedras Conacyt, como una tercera política pública de apoyo a la investigación, tiene su origen en el Plan Nacional de Desarrollo (2013-2018), en el que se propone hacer del desarrollo científico, tecnológico y la innovación, los pilares para el progreso económico y social sostenible del País.

Las Cátedras Conacyt son “semi” plazas de investigadores que forman parte de la plantilla de servicios profesionales del Conacyt.

Dichos investigadores son comisionados a Instituciones que resultan beneficiadas en los términos de la convocatoria correspondiente.

Luego entonces, los “Catedrantes” son presuntamente empleados de Conacyt, pues actualmente no cuentan con el reconocimiento pleno de sus derechos como sus trabajadores generándoles incertidumbre laboral.

Los Colegas Catedrantes han tenido que formar un sindicato para defender sus inalienables derechos. Sin duda su lucha será exitosa. 

Y solo para terminar, éstas tres las políticas públicas requieren apoyarse con mayores presupuestos para elevar su grado de éxito e impacto. 

Toda la comunidad científica nacional es solidaria con el movimiento sindical “Catedrante”. Adelante.

(rpacheco@ciad.mx / @rpacheco54)

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