Un Presidente menos rudo, más ejecutivo

Por Javier Villegas Orpinela.-En el Cuarto Informe de Gobierno se vió un Presidente menos agresivo y más presto a hablar relativamente más rápido y puntual.
Su mensaje de 50 minutos fue menos triunfalista que los tres anteriores, aunque sin dejar de presumir por todo lo alto los supuestos logros del último año.
Andrés Manuel López Obrador fue en esta ocasión otra persona, tal vez por las presiones que se le acumulan, mismas que provienen desde diferentes trincheras tanto locales, como nacionales y hasta extranjeras, porque el mandatario ha tenido para todos.
Hay quienes aseguran que las presiones de influyentes y poderosos empresarios extranjeros -sumándose una buena cantidad de nacionales- y del Gobierno de Estados Unidos, lo traen “cada vez más asoleado”.
También lo inquietan las irreverencias del senador Ricardo Monreal y la cruda realidad donde la economía mexicana no levanta y la inflación no retrocede a la vez que la inseguridad sigue al alza.
El mandatario festeja haber recuperado el nivel prepandemia en el tema del PIB, pero el Inegi lo desdice.
El caso es que López Obrador concluye así sus primeras dos terceras partes del sexenio y ha entrado a su último tercio.
En la historia reciente de la política mexicana, la recta final de la Presidencia es tormentosa, más aún para aquellos mandatarios que dan claras señales de querer seguirle de largo.
En su momento Carlos Salinas de Gortari quiso extender su mandato más allá de seis años, pero “la nomenklatura” se lo impidió, taponéandolo por aquí, por allá y por aculla.
El año de 1994 fue sangriento y el siguiente fue preocupantemente inestable en lo económico-financiero. Todos esos ruidos lo alejaron del poder.
Los presidentes que lo sucedieron, se enfocaron en sacar adelante su respectivo sexenio y todo en santa paz.
López Obrador, quien llegó a la Presidencia de la República luego de 18 años de campaña abierta, no niega sus intenciones de perpetuarse en Palacio Nacional.
El tabasqueño quiere seguir mangoneando a su antojo a quien lo sustituya en la silla del aguila, a partir del último trimestre del 2024.
Muy al estilo de Plutarco Elías Calles, el morenista quiere ser el poder tras el trono.
La promesa aquella de que concluyendo su mandato se va a su rancho de Chiapas, nomás no es cierto.
Para nadie es un secreto que el orgullo de Macuspana vive de la política y el dinamismo que ahora enseña, quiere sostenerlo hasta sus último días y para que ello sea posible, deberá mantenerse casi-casi con la banda presidencial todos los años que le sean posibles.
Mientras tanto López Obrador sigue construyendo su fortaleza, afianzando en todas las posiciones estratégicas al Ejercito Mexicano y a la Marina.
Le apuesta a la complicidad de las fuerzas del orden.
Hasta la fecha todo pareciera que le va saliendo “como anillo al dedo”, sin embargo, las presiones en su contra enseñan cada vez más fuerza.
Por tanto, el Presidente pareciera que ya empieza a sentir las inclemencias que se le avecinan y por ello le bajo a su actitud, varias rayitas en su Cuarto Informe.
Estados Unidos ha empezado a jalar la cuerda.

jvillegas@correorevista.com
Twitter: @JvillegasJavier

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