¿Y a quién pertenece Hermosillo?

CIENCIA Y SOCIEDAD
Ramón Pacheco Aguilar

La pregunta anterior es un sinsentido, prácticamente un absurdo, pues todos sentimos y creemos, o al menos creemos saber, que Hermosillo pertenece a los hermosillenses todos/as. El sentido de mi pregunta deriva de que Hermosillo es, a la vez, capital de Sonora y cabecera del municipio que lleva el mismo nombre. ¿Entonces, nuestra ciudad es fuero del gobierno estatal o del municipal? Cierto estoy que algún documento oficial habrá de incluir, en su contenido, la respuesta a mi pregunta. Una respuesta necesaria pues así sabremos a quien reclamarle el por qué Hermosillo adolece de tantas cosas con las que debería contar, o no contar, una verdadera ciudad capital.
Recuerdo que décadas atrás se presumía de que Hermosillo era la Capital del Noroeste. Una apreciación falsa en aquel entonces; mas falsa aún, en el presente. Solo “echémosle un ojo”, coloquialmente hablando, a las capitales de nuestros estados vecinos, Chihuahua, Culiacán y Mexicali, para darnos cuenta de lo falaz de esa arrogante creencia. La nueva presunción, que me todo escuchar hace unos días en la radio, es que Hermosillo es la Capital del Arte y la Cultura. Desconozco si es una declaración oficial, o si fue tan solo una opinión trasnochada del comentarista radiofónico en turno. ¿De que arte y de que cultura se estará hablando? Me genera mucho conflicto e incluso vergüenza, presumir de algo que definitivamente no somos sin necesidad de realizar un sesudo análisis para demostrar tan anhelada veracidad. ¿Entonces, que gobierno es el responsable de que vivamos en este continuo engaño?
Nuestra ciudad capital adolece de todas las dolencias urbanas posibles. Algunas nacientes, otras pretéritas; algunas someras, otras profundas; algunas de sencilla solución, otras muy enredadas. Sin embargo, todas ellas son el resultado de las ineficacias e ineficiencias de los gobiernos en turno; de su ignorancia, de su incapacidad, de su indolencia, de su desidia, de su indiferencia, del no saber que hacer, cómo hacerlo y con qué hacerlo. Vaya realidad tan real.
Triste contexto nos envuelve y ello se va a poner aún peor, independientemente de las recientes declaraciones triunfalistas de ambos gobiernos respecto al desarrollo que le espera a nuestra comunidad. ¿A que me refiero? Hermosillo es una ciudad descuidada, sucia en su mayor parte, con vialidades vehiculares insuficientes y poco dinámicas, sin banquetas, sin transporte urbano de calidad, con baches por doquier, con camellones llenos de maleza, con excesiva contaminación visual, insegura, tal vez violenta, sin dejar de mencionar la indiferencia e incluso abandono de tanta gente, adultos, jóvenes y niños/as en condición de calle, carentes de la más mínima oportunidad de dejar su situación.
Hay mucho que seguir comentando sobre este tema. Lo haré en mis próximas contribuciones. Me considero un hermosillense, de origen mexicalense, comprometido con mi ciudad. Ciudad que me recibió con sus brazos abiertos aquel lejano 1973. Ciudad a la que aplico aquello que los norteamericanos llaman “love at the first sigth”. Ciudad a la que llegué para quedarme. Ciertamente soy crítico, siempre lo seré. Pero también sé de soluciones, del qué y del cómo. Aquella ciudad plácidamente pequeña se convirtió en una metrópoli; solo en tamaño, entrópica.

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