¿Y el compromiso del Doctor con la Ciencia?

Por Ramón Pacheco Aguilar.-Los que nos dedicamos a la investigación científica somos escépticos por definición y en algunos casos refractarios a las acciones de gobierno. Nuestra función, además de generar conocimiento de frontera, es la duda, la crítica y la descalificación; pero también, el análisis, la propuesta y el compromiso con la sociedad, con la verdad y con la justicia. O sea, como científicos somos activistas de la vida. Por ello, nuestra profesión es fascinante, actual, innovadora y visionaria. Va mi mayor reconocimiento a todas las y los colegas sonorenses.
No recuerdo que en la víspera de las elecciones por la gubernatura actual el Doctorado en Palacio haya tenido una reunión de trabajo con la comunidad científica sonorense sobre ciencia y tecnología o, al menos, una mención de como sería su relación con ella. Pensé que como es doctor se le ocurriría algo, pero me equivoqué. No descarto que haya tenido alguna reunión ocasional e informal con algún o alguna colega, tal vez dos o tres, pero ello no significa que se haya reunido con la comunidad científica. Nunca nos convocó, como no lo ha hecho a la fecha. Su interés por la ciencia ha sido escaso o nulo, tangencial, una contradicción considerando su grado académico.
A casi un año de su toma de posesión, nada ha dicho, ni hecho sobre el tema en comento, por lo que nuestro ánimo empieza a decaer. Nada diferente de la realidad vivida en el periodo de quién ahora se pasea por la cultural Barcelona. Dicen que una de las principales virtudes del ser humano es la paciencia; entonces deberemos seguir manteniéndola.
Como científicos estamos ciertos de las situaciones críticas, desastrosas y vergonzosas en las que fue recibido nuestro estado por el actual gobierno. Los problemas heredados y los de nueva generación sin duda agobian cada uno de los minutos del día de trabajo del Doctor. Gobernar Sonora nunca fue diferente. Complementado las pretéritas acciones corruptas y cínicas, aun por comprobar, pero dentro del certero imaginario social, tenemos una abultada problemática que diariamente incide en la calidad de vida del ciudadano y en la reducida capacidad de respuesta del actual gobierno lleno tan solo de promesas.
Existe un fuerte agobio social por la falta de empleos, por el trabajo infantil, por la violencia, la pobreza y la indigencia que bulle por nuestras calles y avenidas, por la condición desastrosa de todos los servicios públicos, por el desastroso estado de las escuelas públicas, por la baja productividad del estado, por el alza incontrolable del costo de la canasta básica alimentaria y por el seguro incremento de la deuda pública para poder salir del atolladero estatal del cual ya se habla insistentemente en la prensa y los medios electrónicos.
Se podría pensar que ante este “dantesco” escenario, la terquedad de seguir solicitando una definición de apoyo a la ciencia sonorense esta fuera de contexto; pero no, al contrario. Apoyar a nuestra ciencia no implica necesariamente, en este momento, incrementar los raquíticos apoyos económicos de siempre, sino promover la identificación del esfuerzo científico sonorense con el programa de desarrollo estatal. Es importante que el gobierno sonorense sepa quiénes somos, que hacemos, donde estamos, que tenemos, como podemos ayudar y cuál es el valor de nuestra actividad. Es necesario que las capacidades y habilidades del ya no tan nuevo gobierno se complementen con los saberes de las y los investigadores sonorenses. ¿Cómo hacerlo? Primero hay que generar la necesaria identidad, el necesario encuentro, la necesaria y obligada complementariedad. Para ello solo se necesita, en primera instancia, voluntad. ¿Existe?
Como un acto de contrición de nosotros los científicos/as, es una pena que, siendo una comunidad amplia, diversa y consolidada, no tengamos un interlocutor que nos represente. La Comisión de Ciencia y Tecnología del Congreso del Estado y el COECYT andan en otras diligencias que no sabemos cuáles son. Ojalá el Doctor hiciese algo, pero…

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