Ciencia y sociedad

El 26 y su temprana sorpresa

"Siempre hay algún aguafiestas absurdo y trasnochado que lo echa todo a perder sin miramiento alguno."

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Debiese ser tiempo, aún, de estar compartiendo abrazos y nuestros mejores deseos, planes y proyectos para este nuevo año con familiares y amigos, pero siempre hay algún aguafiestas absurdo y trasnochado que lo echa todo a perder sin miramiento alguno. Por ello, y antes de entrar en el tema, quiero que todos nosotros, el mundo entero de ser posible, tengamos un buen año colmado de amor, armonía y satisfacciones de todo tipo. Que nuestras nostalgias felices nos acompañen cuando solicitemos su amena y serena compañía. Nunca será mucho pedir.

Pues sí, ese Trump tenía que estropear nuestro inicio de año como si a él le perteneciera el tiempo y el espacio (mundial). Mi sentir hacia el pueblo norteamericano es bueno; incluso, más que bueno, pero una cosa es el pueblo y otra muy diferente sus gobernantes.  Viví por cinco años y medio allá durante mis estudios de posgrado; además, mi niñez, infancia y adolescencia temprana se desarrollaron en Mexicali, pero nunca me atraparon ni el “canto de las sirenas” ni el “american way of life” como a muchos fronterizos de mi época.

Ciertamente, como en la mayoría de los países, los ciudadanos promedio carecemos de información, formación y educación política integral que nos ayude a tomar las mejores decisiones y dar las mejores opiniones cuando se requieren; los vecinos del norte no son la excepción. Por ejemplo, votaron por Nixon en su momento y dos veces cometieron el peor error al llevar a la Casa Blanca a Trump. Me pregunto qué culpa tenía el mundo de que eso así sucediera. A ellos, los norteamericanos, Hollywood los tiene atrapados y no dejan de sentirse los héroes de la película, los sabelotodo. Así viven y así se sienten bien; tal vez, hasta sean felices.

Con su agresión al pueblo venezolano que derivó como su primer impacto en la captura de Maduro, Trump nos quitó el buen sabor de boca que conlleva el inicio de un nuevo año. Mucho se ha dicho y escrito sobre ese acto bélico que sucedió en lo oscurito mientras el pueblo dormía, como resultado de una traición. Cierto es que la anhelada caída de Maduro tardaba en llegar, pero la cual dependía únicamente de los venezolanos. La toma de calles, elecciones fraudulentas, asesinato y encarcelamiento de líderes opositores y un premio Nobel nunca fue suficiente. Tendría que haberse creado una situación prerrevolucionaria; nunca la hubo, fue el error. Si Maduro era un represor, un narcopresidente sinvergüenza y ladrón no era Trump quien lo tenía que tumbar. La justificación de la invasión y toma de Maduro nunca fue valida. Trump va por el saqueo y depredación del subsuelo venezolano.

Me pregunto si como comunidad internacional es posible, basándonos en las leyes y acuerdos existentes para ello, parar la barbarie. Lo que hemos visto en los últimos días no dice que no lo es. ¿Entonces, jugaremos a las adivinanzas preguntándonos que sigue? La intervención trumpista no debe trocarse en una invasión y en un hurto a la nación, pero son solo los venezolanos los que tienen la última palabra.

Espero que el senado norteamericano y la cámara baja tengan capacidad de detener a Trump, y que el pueblo de esa nación tenga el valor de parar la locura de quien pone en peligro la paz mundial.

Hemos gastado la primera semana del 26 y tenemos tema para entretenernos y preocuparnos por todo el resto del año. Mejor ocupémonos en evitar males, penurias y peligros mayores. Lo podemos lograr. Feliz Año.    

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Ramón Pacheco

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