La biblioteca
El abandono del sistema de salud
"Cuando los problemas no se resuelven y solo se patea el bote hacia delante..."

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Cuando los problemas no se resuelven y solo se patea el bote hacia delante, el desencanto y la frustración acumulada de los afectados se convierte en energía para protestar. Esto es lo que parece haber ocurrido en Hermosillo con los trabajadores y derechohabientes del hospital de ISSSTE cuando hartos ya de promesas y engaños se manifestaron en la calle y bloquearon por horas el boulevard Morelos.
Para quienes nos ha tocado estar, ya sea como pacientes o visitantes, en el hospital Fernado Ocaranza no nos sorprendió la protesta, pero si lo fue para el resto de la población de la capital. El deterioro de dicho hospital es evidente desde hace muchos años, a tal grado de que las promesas -hasta hoy incumplidas- de construir un hospital (de tercer nivel) datan de al menos un par de décadas atrás.
Según lo que narran los periodistas que cubrieron la nota, la gota que derramó el vaso de la inconformidad de los trabajadores de ese hospital fue el colapso del sistema de refrigeración, pero a partir de ahí afloraron las múltiples carencias del hospital: colapso parcial del sistema de drenaje, instalaciones eléctricas defectuosas (bolas de alambres descubiertos y mal conectados), plafones de los techos que se están cayendo, baños que no sirven, carencia de agua en ocasiones hasta para lavarse las manos, área de farmacia sin la refrigeración adecuada, entre muchas otras.
Lo anterior es solo en la parte física de las instalaciones, pero el problema es mucho mayor y tiene que ver con la calidad del servicio médico que se otorga a los pacientes. Por su carácter de hospital segundo nivel, el personal no cuenta con especialistas que puedan realizar operaciones con cierto nivel de complicación y tiene que enviar a los pacientes a otros hospitales como Culiacán, Torreón, o los mas complicados al Hospital 20 de Noviembre de la Ciudad de México.
Desde hace décadas la demanda ha sido que se construya un hospital de tercer nivel en Hermosillo dado que aquí se da atención a los pacientes de todo el estado de Sonora. En varias ocasiones se les ha dicho que si, pero nunca se les ha dicho cuándo. El propio gobernador Durazo durante su campaña les prometió que gestionaría ese hospital y que se construiría durante su sexenio. Su periodo está a un año de concluir y ni siquiera se tiene la certeza de que se va a construir y mucho menos se ha colocado la primera piedra.
Podríamos seguir enumerando carencias y deficiencias, pero no alcanzaría el espacio de esta nota. Uno de los dirigentes del movimiento, el doctor Luis Arturo Maldonado, mencionó que si ahora mismo Protección Civil realizara un chequeo de las condiciones del hospital y enumerara las áreas en las que no se cumplen las normas básicas de una unidad médica de este tipo para operar, seguramente clausuraría el inmueble de inmediato por el peligro que implica para pacientes y derechohabientes su operación en esas condiciones. Pero más allá de los detalles y de la sensibilidad que exhibió el gobernador Durazo al visitar el lugar y prometerles gestionar una solución al problema, las protestas motivan una reflexión de fondo.
En primer lugar, se trata de una protesta en cierto sentido diferente a otras donde los trabajadores exigen demandas de carácter individual, ya sea que se atiendan sus prestaciones personales, mejoren sus salarios, o pensiones más justas. La demanda principal de esta protesta es que se construya un hospital para prestar el servicio que los derechohabientes merecen. Es decir, no están pidiendo algo para ellos sino para los pacientes y derechohabientes de los trabajadores federales. Es una demanda de beneficio colectivo.
Un segundo aspecto es que la manifestación congregó no solo a los trabajadores del hospital (médicos, enfermeras, trabajadores de servicio), sino también a una treintena de sindicatos de dependencias federales que son derechohabientes del ISSSTE lo que expresa una demanda muy sentida de todo el sector de trabajadores federales que sufren día a día el deficiente servicio que reciben por las pésimas condiciones del hospital.
Un siguiente aspecto por destacar es la indolencia de los burócratas federales que dirigen instituciones como el ISSSTE, lo mismo que el centralismo paralizante en la toma de decisiones. Marí Batres seguramente jamás a visitado el hospital Ocaranza de Hermosillo ni visto las deprimentes condiciones en las que opera, pero acaba de afirmar que ya construyeron un hospital de tercer nivel en el norte (Coahuila) y que las prioridades de su institución están en el sureste. Es decir, no se va a construir el hospital que demandan los trabajadores y derechohabientes de Sonora hasta que ellos determinen que es prioritario.
Otro elemento importante es el estado de ánimo de los trabajadores y derechohabientes que protestaron. Se advierte no solo una inconformidad manifiesta sino enojo y firmeza en sus reclamos. Es gente que ha soportado por años la ineficiencia y mal servicio que reciben y lo han tenido que aceptar calladamente, pero que llegaron a un límite y que no lo harán más. Por ahora estuvieron dispuestos a bloquear una arteria importante de la viabilidad de Hermosillo y, de no ser atendidos, están dispuestos a llegar más lejos.
Lo que desactivó el bloqueo y canalizó la protesta fue la actuación rápida y oportuna del gobernador Durazo que se solidarizó con las demandas de los manifestantes y se comprometió a gestionar una solución de fondo en las próximas semanas. Pero la última palabra está en las autoridades federales que tienen los recursos y definen como se gastan. Veremos si le hacen caso al gobernador.
Finalmente, lo más importante es que estas protestas exhibieron de manera nítida el abandono de las instituciones del sector salud en el que los gobiernos de la 4T tienen al sector. El criterio de canalizar los escasos recursos disponibles a las transferencias directas (pensiones de adultos mayores, sembrando vida, becas, etc.) sin duda ayudan a las familias y da votos al oficialismo, pero hacerlo a costa de destruir lo poco bueno que se tenía, a la larga les saldrá caro.

Sigue a Manuel Valenzuela Valenzuela