Efecto multiplicador

El litio convertido en mineral 'de segunda'

"El Servicio Geológico Mexicano (SGM) reconoce ahora que el litio ni siquiera será incluido, por el momento"

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El Gobierno federal y el estatal aseguraban hace unos años que México había encontrado prácticamente el petróleo del siglo XXI. Que el litio de Sonora sería palanca de soberanía, electromovilidad, baterías y desarrollo industrial. 

El anuncio llegó tan lejos que la nacionalización fue emparentada políticamente con las decisiones históricas de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos. Tres años después, la realidad aterrizó sin pedir permiso.

El Servicio Geológico Mexicano (SGM) reconoce ahora que el litio ni siquiera será incluido, por el momento, en la lista mexicana de minerales críticos y que tampoco constituye su principal objetivo de exploración. La razón oficial es que México todavía no posee una cadena de valor del litio. Entonces, ¿qué nacionalizamos?

En el 2022 se reformó la legislación para reservar al Estado la exploración, explotación, beneficio y aprovechamiento del litio y se creó Litio para México. En febrero del 2023, desde Bacadéhuachi, el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador decretó una reserva minera de 234 mil 855 hectáreas en siete municipios sonorenses.El Gobierno hablaba del litio como pieza clave de la transición energética y del futuro económico nacional.

Sin embargo, una cosa es nacionalizar jurídicamente un mineral y otra, muchísimo más complicada, encontrarlo en concentraciones económicamente explotables, extraerlo, procesarlo competitivamente, refinarlo y convertirlo finalmente en cátodos, celdas y baterías. Y precisamente es ahí donde la épica chocó contra la geología, la tecnología y el capital.

La paradoja presupuestal resulta desconcertante, ya que el SGM dispone, según lo informado en el Congreso de Minería Durango 2026, de alrededor de mil millones de pesos para exploración, mientras Camimex calcula que la iniciativa privada destinó aproximadamente 500 mil millones el año pasado. 

No son magnitudes remotamente comparables; en este caso Sonora debería tomar nota. El problema nunca fue solamente poseer litio debajo de Bacadéhuachi. 

El verdadero negocio está arriba de la tierra: tecnología de extracción, refinación, materiales avanzados, fabricación de baterías, semiconductores, electromovilidad, investigación y propiedad intelectual. Mientras México discutía quién sería dueño del mineral, otros países discutían cómo dominar la cadena de valor.

La industria automotriz mexicana ya advierte la urgencia; la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT) señala que sus vehículos eléctricos utilizan baterías que requieren litio, cobre, aluminio, níquel, manganeso y cobalto. 

Además, el contenido regional exigido representa una presión creciente rumbo al T-MEC. 

Por lo mismo México debería estar construyendo aceleradamente esa plataforma industrial.

Según Peñoles, México carece de tecnología suficiente para refinar determinados minerales críticos. Eso significa que podemos tener minerales en el subsuelo y seguir importando el conocimiento, maquinaria y tecnología necesarios para transformarlos. Ahí está la diferencia entre tener recursos naturales y tener desarrollo económico.

Noruega no es rica simplemente porque posee petróleo; construyó instituciones, tecnología, capital y una estrategia para transformar esa riqueza natural en riqueza nacional. 

China no domina minerales críticos únicamente porque los extraiga: controla enormes segmentos del procesamiento y manufactura. México confundió soberanía jurídica con política industrial.

Litiomex puede seguir existiendo y el litio sonorense eventualmente podría convertirse en una gran oportunidad. Pero primero habrá que demostrar reservas, resolver tecnologías de extracción y construir una cadena industrial competitiva. Para ello debe invocarse a la IED.

jvillegas@correorevista.com                          Twitter: @JvillegasJavier

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Javier Villegas

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