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El T-MEC y su futuro
"En términos de desarrollo económico el comercio preferencial con Estados Unidos y Canadá es fundamental para México"

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El pasado miércoles iniciaron las conversaciones formales para revisar, y de ser posible extender, la vigencia más allá del 2036 del Tratado Comercial México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC para nosotros; USMCA para los gringos y canadienses). El proceso se realiza de manera bilateral con cada país y en el marco de una relación complicada con EU con perspectivas poco alentadoras.
En términos de desarrollo económico el comercio preferencial con Estados Unidos y Canadá es fundamental para México, pero también los es para nuestros vecinos del norte y Canadá. La región de Norteamérica integrada por los tres países enlazados primero por el TLC y luego por el T-MEC, constituye un mercado de 500 millones de personas con alto poder adquisitivo sobre todo en los socios y aporta un tercio del PIB mundial.
En un mundo que tiende a desacoplamiento de las economías mas poderosas del mundo como los son China y los Estados Unidos, la región de Norteamérica adquiere una importancia estratégica mayor que la que el gobierno de Donald Trump le quiere dar. Sin embargo, la visión proteccionista de Trump y la conflictiva situación política de la relación bilateral no permiten ser optimistas sobre el futuro inmediato de la revisión del tratado comercial.
El primer factor que complica la negociación es la propia visión de la actual administración de EU sobre comercio libre o preferencial en la región. Cuando se negoció el TLC se nos veía como socios hoy Trump ve a México y Canadá como adversarios. En esa visión descansan algunos de las exigencias que Estados Unidos está poniendo en la mesa de negociación que recién se inició formalmente.
La revista The Economist destacó la semana pasada que dentro de las pretensiones de EU en la revisión del tratado se encuentran las siguientes: reglas de origen más estrictas para la industria automotriz con el propósito de detener el uso de autopartes provenientes de China; que los aranceles sobre el acero y el aluminio continúen y se reconozcan dentro del Tratado; mayor cooperación en materia de migración, seguridad (combate al narcotráfico) y competencia con China.
Un segundo factor disruptivo en las negociaciones, son las diferencias en cuanto a la lucha por desmantelar las redes criminales que trafican con narcóticos y drogas sintéticas (fentanilo de manera especial) y son los principales causantes de la violencia en México y las muertes por sobredosis en los Estados Unidos. Mientras Estados Unidos se ha propuesto desmantelar esos grupos que operan en México para exportar la droga a su país, México está dispuesto a cooperar solo parcialmente, es decir, detiene capos de mediano pelo y decomisa cargamentos, pero se niega a castigar y extraditar a los políticos y policías que le han dado protección.
Esta última contradicción no es fácil de destrabar, se percibe que en la defensa de políticos como Rubén Rocha Moya, Adán Augusto López, el senador Inzunza y otros más, a Morena se le va la vida misma de su movimiento cuyo triunfo parece haber estado apalancado en dinero sucio proveniente de los grupos criminales. Las recientes iniciativas de ley para cambiar la constitución con el propósito de tipificar la injerencia extranjera como causal de nulidad de las elecciones expresan claramente que el Morena y la 4T han decidido defender el poder hasta el grado de prepararse para anular elecciones en el caso de que pierdan las mismas.
Un tercer factor es que las relaciones de Estados Unidos con Canadá pasan quizá por uno de sus peores momentos. Canadá claramente se ha opuesto a la política de los aranceles de sus vecinos del sur y a la política de ruptura del orden internacional basado en reglas que Trump ha propiciado. Por esa razón la revisión de un tratado trilateral EU la realiza de manera bilateral con cada uno de los socios. Eso tampoco favorece una revisión exitosa en el corto plazo.
Por último, hay que tener presente que se trata de una negociación entre desiguales. El PIB de Estados Unidos es siete veces más grande que el de Canadá y México juntos, aunque hay que considerar que las fuerzas del poder económico no están de un solo lado, a los dueños de las grandes empresas integradas en la región les conviene que el tratado continue y se fortalezca, aunque otros grupos apoyan al presidente Trump en su visión proteccionista.
Del otro lado de la balanza está la realidad de un tratado de comercio trilateral que ha sido exitoso para todas las partes y ha propiciado que la economía de Norteamérica hoy esté profundamente integrada. Esta articulación de las cadenas productivas lograda en décadas no se puede desintegrar en meses o pocos años. Así que hay fuerzas poderosas que empujan de un lado y del otro en la mesa de negociación, por ello el resultado aún es incierto.
Hasta hoy los analistas y el propio secretario de economía de México, Marcelo Ebrard, se inclinan porque todo apunta a que no se logrará un acuerdo definitivo en cuanto a la extensión de la duración del tratado y que tendrá que haber revisiones anuales en adelante.
Desde la visión de México, muchos analistas coinciden que eso es inevitable y hasta cierto punto beneficioso para el país en la perspectiva de esperar a que Trump termine su periodo y se vaya, pensando en que la siguiente administración -sea demócrata o republicana- tendrá una visión distinta. Sin embargo, hay conocedores como Martha Bárcena, ex embajadora de México en EU, que recomienda no ilusionarse con esa posibilidad ya que en lo que refiere a la relación con México, los enfoques de demócratas y republicanos no son tan diferentes.
En resumen, las perspectivas sobre el futuro de la revisión del T-MEC son aún inciertas y lo más probable es que por lo pronto tenga que haber revisiones anuales. Ojalá que nos den la sorpresa y se puedan alcanzar acuerdos duraderos que den certeza a los inversionistas para concretar proyectos de largo plazo. Eso lo veremos en los próximos días o semanas..

Sigue a Manuel Valenzuela Valenzuela