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Las huelgas en Unison y el abandono de las universidades
"Las partes se acusan una a la otra de ser responsables de la suspensión de actividades..."

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El panorama luce triste para los estudiantes de la Universidad de Sonora y para el prestigio de nuestra máxima casa de estudios. Unos días después de que el sindicato de los trabajadores y empelados (STEUS) levantó su huelga, el de os académicos (STAUS) estalló la propia debido a que ni las autoridades ni el gobierno del estado pudieron satisfacer las demandas de los sindicalizados.
Las partes se acusan una a la otra de ser responsables de la suspensión de actividades, pero los más afectados son los estudiantes que nuevamente se han quedado sin clases sin ser responsables de nada. Mientras tanto, el prestigio de la institución se sigue deteriorando.
Si uno analiza los argumentos de cada una de las partes muy probablemente se concluya que ambos lados tienen razón. Un el caso del STEUS la demanda fue tan justa como lo refleja el hecho de que los dos niveles tabulares mas bajos del sueldo de sus trabajadores estaban ganando menos del salario mínimo. Las autoridades también tienen razón cuando argumentan que ellos no pueden ofrecer mayor aumento salarial que el tope que les señala el gobierno.
Por otra parte, el gobierno del estado se lava las manos al decir que esa es la política nacional, que no hay más recursos y hace llamados a las partes en conflicto para que negocien con lo que hay. Y quizá también tiene cierta razón.
El problema de fondo es la política de abandono en la que el gobierno federal tiene a las universidades públicas mexicanas. Desde hace años, estas instituciones dejaron de ser prioridad del gobierno y apenas sobreviven.
La mayor parte del subsidio que reciben se destina al pago de la nómina y se les han ido retirando fondos federales adicionales que antes tenían para propósitos específicos, y apenas se incrementa en la proporción de la inflación promedio del año anterior y a veces ni eso.
Por otro lado, durante el sexenio pasado se elevó a rango constitucional el derecho de los estudiantes a la educación superior gratuita, pero no les dio los recursos adicionales a las universidades para reponer los pocos recursos que esas instituciones obtienen por las cuotas de inscripción y por otros servicios.
Las universidades negociaron que dejarían de cobrar esas cuotas de inscripción en cuanto el gobierno les otorgara los recursos adicionales que obtenían por esas vías (según recuerdo eso quedó en un artículo transitorio cuando se reformó la Ley General de Educación), lo cual a la fecha no ha ocurrido. Así que en los hechos estas instituciones podrían estar operando en violación a la constitución y a la Ley General de Educación.
Lo cierto es que la universidad pública, en especial las que tienen autonomía, no son una prioridad del gobierno federal. Ya desde inicios del presente siglo se dio prioridad a las universidades e institutos tecnológicos que empezaron a absorber buena parte de la demanda, lo que contribuyó a disminuir el peso relativo de las universidades autónomas.
Adicionalmente, desde la administración anterior el gobierno federal ha promovido e impulsado el sistema de las llamadas universidades Benito Juárez a las que se destina presupuesto que podría dirigirse a las instituciones existentes.
¿Cuál ha sido el resultado en Sonora de esta situación de abandono en la que se tiene a las universidades públicas? La pérdida de importancia relativa de la UNISON en lo que se refiere a la atención de la demanda.
En el año 2 mil nuestra aún Máxima Casa de Estudios atendía entre el 45 y 50 por ciento de la oferta total de educación superior de la entidad, cuya cobertura total era de entre 26 y 28 por ciento de la demanda total. Hoy la UNISON atiende a solo atiende aproximadamente al 25 por ciento de la matrícula total de Sonora. Es decir, una pérdida relativa de más de 20 puntos porcentuales en lo que va del siglo y cayendo.
El otro fenómeno que se ha presentado en las décadas recientes es el avance de la educación privada en Sonora, fenómeno al que podríamos llamar privatización de la educación superior.
En este tiempo se han establecido en Sonora redes de universidades privadas como Tec Milenio, asociado al Tecnológico de Monterrey para atender el desarrollo de competencias profesionales; Universidad de Desarrollo Profesional -UNIDEP- con nueve campus en Sonora; Universidad Interamericana para el Desarrollo -UNID- ligada al consorcio de la Universidad Anáhuac (seis campus); Universidad Durango Santander (tres campus); más instituciones privadas regionales como CEUNO y UNILIDER, entre otras.
Lo anterior expresa y a la vez refleja problemas de fondo del proyecto educativo nacional y pone en el centro el papel que deben tener en el futo las universidades públicas. Pero también expresa problemas internos de las propias universidades que no han tenido la capacidad de reformarse conforme lo demandan los nuevos tiempos.
Desarrollo de competencias profesionales, educación no presencial, adopción de nuevas tecnologías, flexibilidad, etc. Son algunos de los temas que deberían estar en el debate sobre el proyecto educativo que el país necesita.
Mientras los problemas de fondo no se atiendan a nivel federal y en los estados, las huelgas seguirán, los estudiantes se alejarán de las universidades públicas y el prestigio de nuestra UNISON seguirá deteriorándose.

Sigue a Manuel Valenzuela Valenzuela