Ciencia y sociedad
Magnifica Humanitas: La Encíclica
"Un documento de lectura cuasi obligada para creyentes o no"

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Se habla y se comenta de ella así que me propuse leerla y comentar lo que en ella encontraría, valoraría, comprendería y aceptaría como componentes claves de la vida de nosotros los humanos, de nosotros los creyentes, en pleno Siglo XXI. Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad) es la Primera Carta Encíclica del Papa León XIV, que nos habla sobre lo que debe ser la custodia de la persona en el tiempo de la Inteligencia Artificial (IA) y otros avances y desarrollos tecnológicos y políticas sociales aceptadas.
Un documento de lectura cuasi obligada para creyentes o no (lo soy), para cristianos o no (lo soy), para científicos o no (lo soy). Para muchos sé que será un documento controversial, parcial e incompleto con temas tangencialmente abordados. Pero es un documento que nos dice que hay que ir por partes, así lo mostro en su momento la encíclica del Papa León XIII, Rerum Novarum (De las Cosas Nuevas) (1891) cuyos conceptos y propuestas beneficiaron tanto al movimiento obrero y a las libertades políticas del Siglo XIX.
¿Pero que es una encíclica? Es el documento formal de mayor importancia en el que el Papa enseña y orienta sobre temas doctrinales, morales o sociales. Es una carta doctrinal solemne dirigida a todos. Sin duda, un documento que debe ser leído, pensado, comentado ampliamente y analizado en detalle.
Los fundamentos de la Encíclica se basan en que la persona es imagen de Dios, en la dignidad humana (innata e infinita) y en el valor de los derechos humanos (universales, inviolables, basados en la dignidad); mientras que sus principios, en el bien común, en el destino universal de los bienes, en la subsidiariedad, en la solidaridad y en la justicia social. Nos habla del desarrollo humano integral como la forma concreta en que los principios antes mencionados se aplican a través de la historia, pero también del crecimiento integral de la persona con sus componentes, social, ambiental, espiritual y económico.
También de que la IA y la tecnología en general deben servir al ser humano y nunca dominarlo ni reducirlo a un dato; de que todo trabajo debe ser digno y con sentido, de una ética global que guíe su desarrollo con responsabilidad, protección de los mas vulnerables, con justicia y con la verdad.
En síntesis, nos señala que la IA debe ser una oportunidad para construir una civilización donde nadie se quede atrás y que ninguna tecnología debe apagar lo que nos hace humanos; que ninguna maquina podrá sustituir (jamás) nuestra grandeza como personas.
La Encíclica, como documento pontificio, es un documento extenso el cual, además de su introducción, consta de cinco capítulos y su conclusión, todo en 186 cuartillas que invitan a su lectura. No presumo de haber terminado de leerla, en ello todavía estoy pues soy lector lento.
Confieso que no soy fan de la IA; sin embargo, acepto que “pudiera” ser una herramienta de trabajo; pero como herramienta, sin autonomía e independencia, por lo que deberá mantenerse siempre fácilmente desconectable.
En el ámbito de la academia, y la docencia en especial, comienzan a verse y sentirse los estragos de su mal uso, cuando un estudiante, por ejemplo, haciendo uso de ella, concluye sobre el estado del arte de un tema específico del conocimiento no como resultado de su investigación bibliográfica o practica que debiera ser lo fascinante en su formación sino permitiendo que un algoritmo haga su trabajo sin cuestionamiento alguno sobre su origen, contenido o veracidad. No, de eso no se trata ni deberá tratarse.
(rpacheco@ciad.mx / @rpacheco54)

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