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México en la Estrategia Antidrogas de EU

"En una rápida revisión del documento de más de 190 páginas podemos ver que aborda el problema de las drogas"

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Esta semana se publicó la Estrategia Nacional Antidrogas de los Estados Unidos para 2026. Por su relevancia para la coyuntura actual, sobre todo después de las acusaciones de la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York contra Rocha Moya y nueve funcionarios más de Sinaloa, el documento adquiere relevancia para entender mejor el alcance y las implicaciones de dicha estrategia para México.

En una rápida revisión del documento de más de 190 páginas podemos ver que aborda el problema de las drogas en Estados Unidos no solo desde la perspectiva del combate a la oferta de estupefacientes, como tradicionalmente lo hacen estos reportes, sino también del lado de la demanda y del consumo. Hay al menos cuatro capítulos dedicados a la salud pública, específicamente a atender a las víctimas de la drogadicción y a desarrollar una cultura de una “vida libre de adicciones” en la juventud.

Debo decir que el documento se enfoca específicamente a drogas como las metanfetaminas, la heroína, la cocaína y muy especialmente al fentanilo, que es la droga que más muertes causa anualmente en los Estados Unidos. Equipara las drogas sintéticas a armas de destrucción masiva y a quienes las producen y comercializan los denomina organizaciones criminales transnacionales (TCO por sus siglas en inglés) dentro de las que se cuentan las organizaciones terroristas extrajeras (FTO). 

Establece específicamente que “la designación de los carteles como organizaciones terroristas internacionales no es meramente simbólica, es un detonante estratégico que replantea el enfoque del gobierno de los Estados Unidos pasando de tratarlo como un problema tradicional de aplicación de la ley a una amenaza para la seguridad nacional”, lo que habilita al gobierno para el uso de herramientas militares y de inteligencia bajo marcos legales distintos. 

La parte referida al combate a la oferta abarca tres capítulos dedicados a: destruir las cadenas de suministro de precursores químicos para la elaboración de metanfetaminas y fentanilo, que provienen de China y de la India; detener el fujo de drogas ilícitas; y atacar y desmantelar las organizaciones criminales.

En el documento se ubica a México como el principal corredor de drogas hacia los Estados Unidos y como el espacio geográfico donde operan con mayor fuerza los carteles responsables de la producción y tráfico de fentanilo y metanfetaminas. 

Por ello nuestro país se encuentra en el centro de la nueva estrategia antidrogas del país vecino, por lo que se propone un rediseño de la cooperación con nuestro país la que quedará condicionada a resultados verificables bajo amenaza de sanciones, aislamiento financiero y, de ser necesario, llevar a cabo acciones unilaterales en diversos ámbitos. 

La estrategia incluye al menos tres ejes: la desarticulación de los carteles y sus capacidades operativas; la destrucción de su red financiera de lavado de dinero; y la desarticulación de sus redes de protección en los países donde operan.

A México se le plantean al menos cuatro exigencias: incautar precursores químicos y reducir la producción de drogas sintéticas; desarticular las estructuras de mando de los carteles; destruir su capacidad para amenazar y controlar territorios; y arrestar, procesar y extraditar a los líderes de las organizaciones terroristas internacionales. 

En este punto mencionan que las extradiciones son un elemento principal e innegociable. 

En el ataque a las redes financieras, se pide la colaboración de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de México con las dos agencias estadounidenses que coordinan esta línea: la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) y la Oficina de Activos Extranjeros (OFAC). Las acciones coordinadas de estas tres instituciones tienen tres propósitos: bloquear activos, aislar a las organizaciones del sistema financiero internacional y prohibir cualquier elación con entidades estadounidenses.    

Para desarticular las redes de protección político-policiales de las organizaciones criminales, la estrategia incluye una política de rendición de cuentas a los Estados-nación que facilitan el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Esto incluye tanto a entes gubernamentales como a empresas mexicanas que no logren proteger su cadena de suministro de sus exportaciones y se presten para la introducción de drogas ilegales al territorio de los Estados Unidos.

Para el cumplimiento de esta estrategia, el documento establece que de no haber colaboración plena de los Estados-nacionales, se contempla la posibilidad de acciones unilaterales, dice “perseguiremos y desmantelaremos sin descanso las redes de narcotráfico donde quiera que se encuentren”. 

Más allá de que la aplicación extraterritorial de las leyes estadounidenses que viola el derecho internacional, lo cierto es que para México puede haber una ventana de oportunidad para limpiar el país de la acción de lo grupos criminales y recuperar la paz y la seguridad tan anheladas. 

La disyuntiva es clara: aprovechar la colaboración y los recursos del socio comercial en un eventual tratado trilateral para la seguridad que acompañe al T-MEC, o preservar el statu quo de complicidades y corrupción que nos ha traído hasta aquí. Por ahora todo indica que se inclina por lo segundo. 



 mvalenzu55@yahoo.com.mx

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Manuel Valenzuela

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