Divergencias

México vs Singapur: dos rutas, dos resultados

"Uno es vasto, diverso y lleno de matices; el otro, compacto, disciplinado y obsesivo "

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Es odioso, pero comparar México con Singapur es observar dos visiones de país que parten de contextos distintos pero que, con el paso del tiempo, han acentuado sus contrastes. Uno es vasto, diverso y lleno de matices; el otro, compacto, disciplinado y obsesivo con la eficiencia. La pregunta de fondo no es cuál es “mejor”, sino qué explica que sus resultados hoy sean tan diferentes.

México es una nación continental: territorio amplio, recursos naturales abundantes y una historia marcada por desigualdades estructurales. Singapur, en cambio, es una ciudad-Estado que se independizó de Inglaterra en 1963 y se separó de Malasia en 1965. Con una superficie de 707 km2 ( la mitad de la CDMX) sin petróleo, ni recursos naturales relevantes, arrancó prácticamente desde cero. Paradójicamente, esa carencia se convirtió en su mayor fortaleza: obligó a apostar todo por el capital humano, la planeación y la apertura económica. Hoy ese país asiático cuenta con el doble de reservas internacionales que México.

Si hay un punto de quiebre entre ambos países, está en la calidad institucional. Singapur construyó un Estado altamente eficaz, con reglas claras y una ejecución casi quirúrgica. La corrupción no desapareció por arte de magia. 

Bajo el liderazgo histórico de Lee Kuan Yew, apostó por una fuerte cultura de la honestidad, siendo hoy uno de los 5 países menos corruptos en el índice de percepción de corrupción de Transparency International. Esto es el resultado de penas más severas a actos de deshonestidad y a equiparar los salarios del sector público con los del sector privado.

México, por su parte, ha avanzado, pero de forma irregular. La ley existe, pero su aplicación suele ser inconsistente. Esta brecha institucional se traduce en algo tangible: confianza. 

En Singapur, el ciudadano confía en que las reglas se cumplen; en México, muchas veces se asume lo contrario.

En seguridad el contraste es contundente. Singapur es uno de los países más seguros del mundo. En México, la inseguridad sigue siendo uno de los principales lastres para el desarrollo económico y social.

Esto no solo afecta la calidad de vida: también encarece hacer negocios, desalienta inversión y limita el potencial de crecimiento.

En economía México tiene ventajas evidentes: cercanía con Estados Unidos, industria manufacturera consolidada y una población joven. Sin embargo, su productividad crece lentamente.

Singapur apostó por sectores de alto valor agregado: finanzas, tecnología, logística. El resultado es un ingreso per cápita varias veces superior al mexicano. No es que México no pueda competir; es que aún no logra traducir su potencial en productividad sostenida.

Singapur entendió algo clave: la educación no es gasto, es inversión. Su sistema educativo está alineado con las necesidades económicas, con énfasis en ciencia, matemáticas e innovación.

México ha ampliado cobertura, pero la calidad sigue siendo desigual. Sin una educación que forme capital humano competitivo, cualquier estrategia de desarrollo se queda corta.

Aquí aparece un factor menos tangible, pero igual de importante. Singapur funciona con una cultura de cumplimiento: reglas estrictas, sanciones claras y baja tolerancia a la informalidad.

México, en cambio, es más flexible y más permisivo con el incumplimiento. Esa dualidad (virtud cultural por un lado, debilidad institucional por otro) explica parte de sus retos.

¿Qué puede aprender México? No se trata de copiar a Singapur; sus contextos son distintos. Pero sí hay lecciones claras:

-Fortalecer el Estado de derecho.

-Invertir estratégicamente en educación.

-Reducir la impunidad.

-Apostar por sectores de alto valor agregado.

-Separación de poderes.

-Instituciones sólidas e independientes.

Singapur demuestra que el tamaño no determina el destino. México demuestra que el potencial, por sí solo, no basta.

México no está condenado a su realidad, pero tampoco cambiará por inercia. La diferencia entre ambos países no radica en la suerte, sino en decisiones acumuladas durante décadas.

Singapur eligió la disciplina y la ejecución. México aún está a tiempo de elegir el rumbo que convierta su potencial en resultados.

 Solo estamos a merced de decisiones de gobierno responsables, que antepongan el crecimiento económico a decisiones políticas que no llevan a nada. ¿Estaremos verdaderamente en posibilidades de corregir el rumbo?.


*.- Vicepresidente nacional de enlace legislativo y zona norte Canirac, expresidente de Canacintra, ex consejero del Consejo Nacional Agropecuario.

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Manuel Lira

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