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Paren el empobrecimiento: Hay señales de alerta

"Durante décadas, México ha sido catalogado como una economía emergente "

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En fechas recientes, The Economist lanzó una advertencia contundente: México corre el riesgo de empobrecerse. No se trata de una crisis súbita, ni de un colapso financiero como los del pasado, sino de un deterioro más silencioso, pero igual de peligroso: el estancamiento prolongado del crecimiento económico acompañado de decisiones públicas que inhiben la inversión, reduce la productividad y comprometen el futuro.

El señalamiento no es menor. Durante décadas, México ha sido catalogado como una economía emergente con potencial, favorecida por su cercanía con Estados Unidos, su red de tratados comerciales y una base industrial relevante. Sin embargo, el crecimiento promedio en los últimos años ha sido insuficiente para elevar de forma sostenida el nivel de vida de la población. Crecer poco, en términos económicos, equivale a quedarse atrás.

Uno de los puntos centrales del análisis es la caída de la inversión. Sin inversión —pública y privada— no hay expansión productiva, no se generan empleos de calidad ni se mejora la infraestructura. En este sentido, diversas decisiones de política pública han generado incertidumbre entre inversionistas nacionales y extranjeros. La cancelación de proyectos, cambios regulatorios abruptos y un entorno jurídico percibido como impredecible afectan directamente la confianza. Y sin confianza, el capital simplemente busca otros destinos.

A esto se suma una preocupante tendencia hacia el debilitamiento institucional. Los contrapesos, la certeza jurídica y la independencia de organismos reguladores no son lujos democráticos: son condiciones indispensables para el funcionamiento de una economía moderna. Cuando estas estructuras se erosionan, el riesgo país aumenta, se encarece el financiamiento y se limita la capacidad de crecimiento.

Otro elemento clave es la política energética. México ha optado por fortalecer a las empresas estatales, particularmente en el sector energético, en detrimento de la participación privada. Aunque el objetivo de soberanía es legítimo, la forma en que se ha implementado ha generado distorsiones. La falta de inversión en energías limpias, el rezago tecnológico y la presión financiera sobre empresas públicas pueden convertirse en lastres para la competitividad del país, especialmente en un contexto global que exige transición energética.

El artículo también pone el dedo en la llaga respecto al gasto público. Si bien los programas sociales han tenido un impacto positivo en el corto plazo al aliviar ciertas condiciones de pobreza, el enfoque ha privilegiado el consumo sobre la inversión. Transferir recursos sin fortalecer la capacidad productiva puede generar dependencia y limitar las oportunidades de desarrollo a largo plazo. El verdadero combate a la pobreza no radica únicamente en repartir, sino en generar condiciones para producir.

México enfrenta además un reto estructural en productividad. La economía no está creciendo lo suficiente porque no está produciendo más eficientemente. Esto tiene que ver con educación, innovación, estado de derecho y competencia. Sin mejoras en estos rubros, cualquier impulso económico será temporal y frágil.

Paradójicamente, el país se encuentra ante una oportunidad histórica: el fenómeno del nearshoring. La relocalización de empresas hacia América del Norte podría convertir a México en un polo de desarrollo industrial. No obstante, aprovechar esta coyuntura requiere condiciones que hoy no están plenamente garantizadas: energía suficiente y limpia, infraestructura moderna, seguridad y certidumbre jurídica. Sin estos elementos, la oportunidad podría diluirse.

El señalamiento de The Economist debe leerse no como una crítica externa, sino como un llamado de atención. México no está condenado al empobrecimiento, pero sí enfrenta decisiones que podrían conducirlo hacia ese camino si no se corrigen a tiempo. La historia económica del país demuestra que las crisis profundas suelen gestarse lentamente, alimentadas por errores acumulados.

La discusión de fondo no es ideológica, sino pragmática. Se trata de entender que el crecimiento económico sostenido es la única vía para mejorar el bienestar de la población. Sin crecimiento, no hay recursos suficientes para salud, educación o seguridad. Sin crecimiento, cualquier política social se vuelve insostenible.

Hoy más que nunca, México necesita certidumbre, inversión y visión de largo plazo. Detener el empobrecimiento no es solo responsabilidad del gobierno, sino de todos los actores económicos y sociales. Pero el liderazgo público es determinante: debe generar confianza, no incertidumbre; incentivar la inversión, no inhibirla; fortalecer instituciones, no debilitarlas.

Ignorar las señales sería un error costoso. Atenderlas, en cambio, podría marcar la diferencia entre un país que se estanca y uno que finalmente despega.

*.- Vicepresidente nacional de enlace legislativo y zona norte Canirac, expresidente de Canacintra, ex consejero del Consejo Nacional Agropecuario.

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Manuel Lira

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