Ciencia y sociedad
Que pena.. siempre de la misma manera
"Y con ello me refiero a la vida al interior de mi Alma Mater, Universidad de Sonora..."

Publicado el
Aludo en el título de mi columna a un poema de uno de mis poetas predilectos, León Felipe, integrante, poco mencionado, de la Generación del 27, titulado ¡Que pena! En el escribe: “¿Quién lee diez siglos en la historia y no la cierra al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha…¡Que pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!”
Y con ello me refiero a la vida al interior de mi Alma Mater, Universidad de Sonora, mi reflexión y lamento sobre la repetición histórica, cíclica, que se concreta anualmente en sus huelgas que desgastan su vida, su prestigio y su trascendencia comprometida.
A pesar del paso del tiempo se siguen cometiendo los mismos errores. Pero que no se me mal interprete, siempre he sido sindicalista como lo he expresado en alguna de mis columnas previas. Los emplazamientos, en la particularidad de los claustros académicos, siempre, en mayor o menor grado, tienen razón de ser. La mayor parte de las veces desembocan en huelga, deseable o indeseable, pero necesaria; dialectico trama de alto costo e impacto.
El problema esta en que el asunto siempre se quiere resolver de la misma manera y siempre queda medio resuelto, o de plano, no resuelto, con la garantía de que al año siguiente todo será exactamente igual. Mi posición de siempre, y por ello he sido criticado, es de que no es falta de voluntad de ninguno de los dos actores, sino de imaginación, de propuesta y de un accionar innovador de ambos, además de los gobiernos federal y estatal.
Después de hacer todo tipo de análisis, desmenuzando las causas, omisiones y efectos en y para cada demanda, propuesta o contrapropuesta, concluyo que todo deriva en el tema económico, financiero o de un corto presupuesto que no alcanza para cubrir todas la necesidades adjetivas y sustantivas de la vida universitaria (incrementos salariales, nuevas contrataciones, plazas, nivelaciones, despensas, ISR, etc.),
Los gobiernos en turno son incapaces de resolver semejante nudo gordiano como la han dejado ver siempre, por ello la pregonada gratuidad de la enseñanza universitaria no pasará de ser un buen discurso, una utopía pura y completa. Pero resulta que sí podrían ayudar en el intento de lograr la solvencia económica universitaria por todos deseada.
Tiempo atrás, como una política del otrora CONACYT se impulsó la creación de lo que eufemísticamente se dio en llamar Oficinas de Transferencia de Tecnología e Innovación (OTTI), cuyos resultados han sido menguados por no decir que prácticamente nulos, al menos por acá en el noroeste. Y tanto que se gastó en ello.
El objetivo de esas OTTI era vender el conocimiento generado en universidades y centros de investigación con una clara visión de negocio. No se trataba de la vinculación tradicional de ofrecer servicios o firmar proyectos individuales puntuales, sino vender verdaderos desarrollos tecnológicos (con su componente de negocio potencialmente exitoso) con todo lo que ello significa, principalmente aquellos que derivaron de las caras patentes generadas por las instituciones antes mencionadas.
Para ello, debemos generar un maletín con esos desarrollos tecnológicos o patentes sonorenses a la mano y salir a venderlos en el mercado internacional con el gobierno estatal como su promotor e impulsor.
Pero hacerlo necesitamos generar una estrategia y formar personal especializado en la venta del conocimiento; los científicos estamos formados su generación, no para su venta. Las instituciones académicas sonorenses y sus sindicatos debieran comenzar a hablar de manera conjunta este innovador lenguaje. No hay de otra, pensémoslo y dejemos de actuar siempre de la misma manera.
(rpacheco@ciad.mx / @rpacheco54)

Sigue a Ramón Pacheco Aguilar