Sherlock Holmes
¿Segura que en la 4T 'no hay divisiones'?
"una cosa es que Morena conserve disciplina legislativa y otra que debajo de la alfombra no estén chocando dos centros de gravedad..."

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¿Debe creérsele a la Presidenta Claudia Sheinbaum cuando asegura que en la 4T “no hay divisiones” ni “rompimientos”? Quizá formalmente sí, pero políticamente, los hechos obligan a levantar la ceja.
Porque una cosa es que Morena conserve disciplina legislativa y otra que debajo de la alfombra no estén chocando dos centros de gravedad: el nuevo poder presidencial de Sheinbaum y personajes provenientes del obradorismo que parecen no haber entendido completamente que el sexenio anterior ya terminó.
Rubén Rocha ofreció la demostración más estridente al regresar unilateralmente al Gobierno de Sinaloa después de 112 días de licencia. Sheinbaum reconoció que desconocía su decisión y posteriormente calificó el movimiento como “imprudente”. Rocha resistió apenas unas horas antes de volver a separarse. ¿Eso parece armonía?
Agreguemos los episodios alrededor de Andrés Manuel López Beltrán, cuya visa estadounidense fue revocada, y las tensiones provocadas por figuras relevantes del movimiento.
Curiosamente, en el Segundo Informe estuvieron ausentes Rocha, López Beltrán, Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña. Una fotografía política que contrasta con el discurso de unidad absoluta. No significa que Morena esté fracturado. Significa algo probablemente más importante: que después de dos años Sheinbaum está construyendo su propia Presidencia.
Y necesariamente eso implica delimitar hasta dónde llega la influencia del viejo obradorismo. La Presidenta puede repetir que no existen rompimientos; incluso puede estar diciendo la verdad: quizá todavía no los hay. Pero unidad no significa ausencia de conflictos. Los truenos apenas empiezan.

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