Ciencia y sociedad
Volver a los 17
"Llegados, fueron la hora de dar gracias a la vida por lo recibido hasta entonces "

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De las grandes y bellas historias de vida transformadas primero en letras y después en canciones de Violeta Parra, “Volver a los 17” junto con “Gracias a la Vida”, son mis favoritas. ¿Quién no se identifica con un verso de la segunda; pero también, con alguno de la primera? Todos en algún momento de nuestra vida, cercano o ya muy lejano, vivimos aquellos agudos 17.
Para un servidor fueron algo así como un parteaguas en lo que sería mi trayecto de vida. Llegados, fueron la hora de dar gracias a la vida por lo recibido hasta entonces y dejar la comodidad de la casa familiar para partir en busca de los nuevos horizontes académicos que en aquel entonces mi ciudad natal, Mexicali, no me brindaba. Una incógnita se abría sin saber la respuesta quede ella derivaría.
El camino de regreso a mi origen se diluyó transformándose poco a poco en esta historia aún inconclusa que después de 54 años regresa ahora en su modalidad de visitas periódicas, colmadas de recuerdos y nostalgias felices.
En días pasados regrese de Mexicali. Fueron días colmados de todo, con mi Madre, mis hermanas y hermanos. Días de repaso donde las 24 horas no alcanzaban; días de risas y anécdotas casi olvidadas que revivieron con una precisión laxa derivada del tiempo transcurrido, pero eso no importó. El aroma de los tiempos sesenteros y setenteros se apodero del ambiente y casi se podía tocar.
Me reuní nuevamente con mis compañeros/as secundarianos de nuestro grupo que habiendo iniciado con solo dos integrantes ahora somos 18. Difícil será juntarnos los 48 de aquel grupo “E”; veremos que podemos ir logrando pues tenemos potenciales integrantes en la mira. La reunión con el grupo preparatoriano de los nerds no podía faltar, no obstante, en esta ocasión solo fuimos dos.
La filosofía, las letras y los cuestionamientos no podían faltar y hasta siento que salí no muy bien librado. Luego llego el momento inesperado, no planeado, accidental, completamente fortuito, cuando me topé con mi compañero y gran amigo de mi primaria, cómplice de tantas correrías urbanas en bicicleta.
Simplemente no lo podía creer pues no sabía de él desde el 66 y aun así nos reconocimos sin problema alguno; o sea, estábamos casi iguales. Oportunidad también de reunirme con amigos de mis tiempos de Búho, con mis compadres en mis tiempos de Beaver en Oregon State University y con el primo mayor a quien le pico una araña violinista sin que las consecuencias llegaran a mayores.
Volver a los 17 es volver a esa época en que todo, para nosotros, parecía empezar de nuevo. Es, ahora, poder descifrar los signos y contenidos previos a esos años a los que no dábamos tanta importancia porque pensábamos, simplemente, que lo sabíamos todo.
Necesitábamos estar fuera de la casa familiar para darnos cuenta de que estábamos equivocados. Pero estar equivocado no es estar mal, basta aceptar que tan solo la perspectiva es diferente.
Dándole la vuelta a los 17 en mis 71, estoy aquí en Hermosillo, mi ciudad por adopción, contento de poder contarles parte de mi historia, disculpándome por el atrevimiento. Saludos.
(rpacheco@ciad.mx / @rpacheco54)

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