Ciencia y sociedad

Y sin embargo... se mueve

"Necesitamos de una Política de Estado en ciencia y tecnología"

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La ciencia mexicana continua en crisis. Y no hablo, enfáticamente y de ninguna manera, de crisis de ideas y mucho menos de capacidades o habilidades de los científicos mexicanos. Triste y llanamente, hablo de crisis en apoyos financieros. ¿Entonces, como queremos según lo menciona el discurso convertirnos en una sociedad y economía basadas en el conocimiento? Simplemente, así es imposible. 

Necesitamos de una Política de Estado en ciencia y tecnología con un marco legal e institucional claro y preciso, de aplicación inmediata, consecuente y sin contradicciones. 

En corto, necesitamos de una política funcional, una política aplicable día con día. Necesitamos de la aplicación de muchos más recursos económicos dirigidos a objetivos específicos de corto, mediano y largo plazo, con metas mesurables y de alto impacto. Pareciera asunto difícil, pero no lo es. ¿Entonces?

Claro que la ciencia tiene un costo; y un costo caro. Así es hoy; así será siempre, así es en todos lados. De una Política de Estado, clara y precisa, derivará que ese costo se traduzca en inversión, en valor. Es hora de vestir a la ciencia mexicana de gala. Debemos apoyarla debidamente, para poderle exigir, solo así, debidamente. Tenemos universidades, tenemos centros de investigación, tenemos abundante capital humano; sin embrago, todavía insuficientemente articulados con el desarrollo nacional. 

¿De quién depende? Con la ciencia debemos jugar siempre en grandes ligas, con un equipo donde jueguen científicos, gobierno, empresarios y sociedad, todos comprometidos; no hacerlo así, significa solo pasatiempo y simulación.

En nuestro País contamos con una amplia plataforma en torno a la ciencia. Tenemos una Ley de Ciencia y Tecnología que incluye el concepto de innovación; el Plan Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECITI); el Plan Nacional de Desarrollo; el Sistema Nacional de Investigadores; la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES); la comisión del Ciencia y Tecnología del Senado de la Republica y como eje rector de la política científica nacional, la Secretaria de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) que sustituyó al CONACYT a partir de inicios del 2025, elevando la ciencia a rango de Secretaría de Estado. Pero, aun así, pareciera que su avance sigue sin ser un verdadero tema estratégico. La comunidad científica queríamos que el CONACYT se transformara en Secretaría de Estado por lo que ello, supuestamente, significaría; pero hasta hoy, solo supuestamente  

Seguimos con un presupuesto de tan solo el 0.4% del PIB, cuando la ley nos dice que debe ser de al menos el 1%. ¿Entonces, la ciencia nos es importante o no; nos es estratégica o no? ¿Seguiremos importando ciencia incrementando con ello esquemas de desarrollo exógeno y ampliamente dependiente? Con una mejor consideración, la ciencia y su concreción en tecnología podría transformar a nuestro País incrementando el bienestar de su población. Pero basta de quejas, hasta hoy no hemos obtenido suficiente respuesta y en los tiempos que transcurren no hay tiempo que perder. Solo una cosa es verdad: Y sin embargo se mueve.

(rpacheco@ciad.mx /                         @rpacheco54)

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Ramón Pacheco

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